RICCHIERI,
Pablo
(1859-1936)


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Militar de firme vocación y alta escuela sus condiciones y su preparación lo llevaron a emprender la reforma fundamental de nuestro Ejército y a convertirlo no solamente en un arma eficaz para la defensa nacional, sino en un medio de cultura técnica y física y de verdadera educación cívica y moral para la juventud argentina.
El Grl Riccheri nació en San Lorenzo el 8 de agosto de 1859, su padre Lázaro Riccheri y su madre Catalina Chufardi eran oriundos de una pequeña localidad costanera cercana a Génova, Italia.
En el año 1848 don Lázaro dejó su familia en Italia y desembarcó en Montevideo, pasando luego al pueblito de San Lorenzo, situado a 20 kilómetros al norte de Rosario. A poco de instalado con una casa de comercio, llamó a su esposa e hijo Ludovico y estableció su nuevo hogar en ésta, su patria adoptiva.
Su hijo Pablo ingresó al Colegio Militar como cadete el 17 de junio de 1875, de donde egresó el 25 de noviembre de 1879, con la jerarquía de Teniente 2do de Artillería, con concepto y calificaciones sobresalientes.
Pasó a prestar servicios en el Regimiento 1 de Artillería y pocos años después para perfeccionar sus estudios castrenses marchó a Europa siendo dado de alta en la Escuela Superior de Guerra de Bélgica, donde obtuvo el título de oficial de estado mayor diplomado, en el año 1883. Fue entonces cuando escribió su interesante tesis sobre la defensa de Bélgica, cuyas conclusiones son una prueba elocuente de la previsión y del talento militar de su autor.
En la misma escuela profundizó sus estudios y obtuvo el ascenso a capitán pasando el 6 de diciembre de 1887 a desempeñar las funciones de agregado militar en la legación argentina en Alemania, donde recibió el grado de mayor.
En la década del 90 y en años sucesivos desempeñó los cargos de director de la Comisión de Armamentos en Europa, a donde viajó una vez más ya con el grado de teniente coronel. En 1895, ascendido a coronel debió trasladarse nuevamente al viejo continente como director presidente de la Comisión Técnica de Armamentos en Alemania.
Al regresar al país en 1898 fue designado director general de Arsenales de Guerra y luego jefe del Estado Mayor General del Ejército.
Bien juzgó el Grl Julio A. Roca ese esfuerzo misional que lo caracterizaba: “Es un poseído cuando se trata del armamento o  dineros de su país y nada ve ni oye cuando persigue algo en ese sentido. Se apodera de él una especie de furor, furor inteligente y bien dirigido al que la Nación le debe cientos de miles de pesos y el estar dotada del mejor fusil moderno”.
El día 13 de julio de 1900 fue nombrado ministro de Guerra por el presidente Roca en su segundo mandato. Será el brazo derecho del estadista forjador de la argentina moderna, para la renovación total del Ejército Argentino que requería el difícil momento internacional que se vivía. Riccheri reflejó la nueva era de la organización y la estrategia producida en Europa por el perfeccionamiento de las armas y de los métodos.
A su capacidad y conocimientos técnicos se unían además su experiencia en equipos y armamentos. Traía, pues, ideas nuevas, y ayudará con devoción y eficacia al presidente, teniente general y jefe del supremo ejército en su tarea de modernizarlo sistemáticamente, dándole sentido y estructura nuevos, a fin de permitirle afrontar un posible conflicto internacional con Chile, que durante todo su ministerio estuvo siempre latente.
El viejo sistema de la Guardia Nacional estaba superado. Era indispensable evolucionar hacia un ejército profesional, cuyos cuadros subalternos fueran suficientemente nutridos por una conscripción anual, cuadros que al ser licenciados pasaran a constituir una reserva instruida en la austera disciplina militar y el perfecto manejo de las armas. Riccheri sostuvo con razón,  que para ser eficaz la presencia en los cuarteles de los ciudadanos cuando alcanzaran los diecinueve o veinte años, aquella debía ser obligatoria, por lo cual se requería el imperio de la ley.
En diciembre de 1901 se promulgó la ley Nº 4031, sobre organización del ejército y servicio militar obligatorio, la que se dio en llamar, la Ley Riccheri.
El mismo, meses antes había redactado el mensaje que acompañó al proyecto de ley sobre organización del Ejército Argentino, que incluía el establecimiento del servicio militar obligatorio, y que tuvo entrada en la 19ª sesión ordinaria de la Cámara de Diputados de la Nación, el 29 de julio de 1901.
En un fragmento del mismo que registra su firma junto con la del presidente Roca afirmaba “La ley que rige nuestra organización militar, si bien ha prestado servicios importantes a la preparación militar del país, puesto que ella ha marcado la primera etapa hacia el servicio obligatorio y personal, que forma la base del proyecto adjunto, ha sido, no obstante, de dificil aplicación, como es notorio, y es sobre todo deficiente en el sentido que ella no abarca algunos puntos fundamentales de una organización militar buena y económica, es decir, la preparación y organización de las reservas, el reclutamiento de las clases, la formación de los oficiales de reserva, la concentración en una autoridad única de todos los elementos constitutivos del ejército de primera línea, para hacer rápida y eficaz su movilización, es decir, el rápido pasaje de las fuerzas militares de un país del pie de paz al pie de guerra, que es el propósito esencial que debe perseguir toda buena organización militar”.   
La tarea organizadora del ministro, no conoció punto de reposo. Fueron resueltas en los dos primeros años de su administración, entre otras iniciativas: la subdivisión del país militarmente en veinte regiones, la reorganización del Ministerio de Guerra y el Estado Mayor, la creación de institutos para la instrucción, uniformidad y perfeccionamiento de los cuadros, la adquisición de un importante número de campos de instrucción, la fundación de escuelas primarias de asistencia obligatoria dentro de las unidades.
Reorganizó el Regimiento de Granaderos a Caballo, disuelto después de la epopeya emancipadora, organizó las tropas de montaña, de infantería montada y de ametralladoras. Instituyó el juramento a la bandera tal como hoy se realiza y fue entusiasta impulsor del tiro ciudadano como medio eficaz de complementar los beneficios del servicio militar.
Creó la foja de servicios, calificación hecha a cada militar por las autoridades de quienes dependían y, con carácter transitorio, creó la Escuela de Aspirantes a Oficiales, en la cual se concentró a todos los aspirantes que con el nombre de distinguidos estaban incorporados a los cuerpos del Ejército.
En los últimos meses del año 1901, nuestro largo pleito de límites con Chile venía agudizándose cada vez más, hasta llegar a un estado tan peligroso que en la opinión pública se afirmaba la convicción de no ser ya posible resolver el conflicto por otro medio que no fuera el campo de batalla.
En el Ejército se había arraigado más que en parte alguna esa convicción por estar al tanto pormenorizadamente de las causas que hacían crítico el momento. Como consecuencia de ello, el ministro de Guerra, obedeciendo a la gravedad y previsión que el caso requería, preparó un decreto de movilización de las clases de reserva que debían formar el Ejército de Operaciones. Este decreto fue presentado por el ministro al presidente de la República, en diciembre de 1901, según lo testimoniara un cuarto de siglo después el propio Riccheri, pero Roca le advirtió que tratándose de un acto de tanta trascendencia, no lo firmaría sin consultar previamente al Grl Mitre.
Así fue como acudió Riccheri a entrevistar a Mitre, frente al cual hizo su alegato en favor del decreto. El anciano ex Presidente no se opuso a su promulgación, pero al retirarse el ministro Riccheri, que tenía aún el grado de coronel, acompañándolo hasta la puerta de calle y poniéndole amigablemente la mano sobre el hombro, le dijo sonriendo estas textuales palabras: “Muy bien ministro; por las razones convenidas le reitero que es oportuno y será tal vez eficaz ese decreto; pero desde ya le manifiesto que no será nunca en una guerra contra Chile donde ganará usted los entorchados de general”.
De regreso a la casa de gobierno pasó Riccheri al despacho de Roca y le refirió el diálogo. El Presidente sonriendo a su vez, la advirtió: “Y yo pienso lo mismo que el general Mitre”.
En 1904 fue promovido a general de brigada, presidiendo en las postrimerías de su ministerio el 11 de octubre de ese mismo año, la ceremonia de colocación de la piedra fundamental del nuevo edificio del Colegio Militar que se levantaría en Caseros, pueblo vecino a la Capital Federal.
El 15 de octubre fue nombrado director de ese establecimiento, y su actuación se extendió por breve lapso hasta el 3 de enero de 1905.
El 1 de julio de 1910 el Poder Ejecutivo envió un mensaje al Senado promoviéndolo al grado de general de división, y el 13 de agosto el presidente Dr. Figueroa Alcorta firmó sus despachos de general de división.
En 1916 fué comisionado por el gobierno para seguir las operaciones de la guerra mundial.         
El 4 de agosto de 1922 se sancionó un proyecto de ley, facultando al Poder Ejecutivo para acordar el ascenso a teniente general, al general de división, D Pablo Riccheri, quien pasó a retiro absoluto de inmediato.
Doce años después, en septiembre de 1934 siendo presidente el Grl Agustín P. Justo, el Congreso Nacional sancionó una ley por la cual se ordenaba considerarlo revistando en actividad con el grado efectivo de teniente general. Falleció el 30 de junio de 1936.

Nadie mejor que el general Mitre ha sabido valorar los méritos del general Riccheri y apreciar el alto significado de los mismos; una carta que le dirigió de fecha 12 de octubre de 1904 expresó: “Bartolomé Mitre, saluda con distinguida consideración al Sr ministro de Guerra, general don Pablo Riccheri y le agradece la colección de medallas conmemorativas de varios otros militares, fundada durante su laboriosa y fecunda administración como ministro de Guerra, que representan una parte de su meritoria obra como creador, organizador y administrador del Ejército, por el cual siempre será recordado por el pueblo y por sus compañeros de armas entre quienes tengo el honor de contarme”. Razón tuvo, pues, otro elocuente juicio de Mitre cuando expresaba: “Riccheri se ha ganado los entorchados de general en dos grandes campañas: la campaña del armamento y la campaña de la paz internacional, ninguna de las cuales costó al país una gota de sangre”.



BIBLIOGRAFIA

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