RACEDO,
Eduardo
(1843-1918)


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Nacido en Paraná (Entre Ríos) el 14 de octubre de 1843, sus padres fueron Pedro de Alcántara Racedo y Desideria Farías de Saá. Ingresó en el ejército el 2 de abril de 1860, en calidad de aspirante de la compañía de granaderos del Batallón 2 de Infantería de Línea de Buenos Aires, siendo inicialmente destacado en la frontera del oeste con asiento en Rojas. Ascendido a subteniente en 1861, se halló en la batalla de Pavón. Participó en la Guerra de la Triple Alianza con el grado de teniente coronel logrando altas condecoraciones; medalla de plata por la toma de Corrientes, medalla del mismo metal por la batalla de Yatay, medalla por la toma de Uruguayana, cordón de plata por la batalla de Tuyutí y medalla de oro por la terminación de la Guerra del Paraguay. Participó en la campaña de Entre Ríos contra el levantamiento de López Jordán, luchó en los combates del Sauce, sorpresa de Villa Urquiza y en Santa Rosa; luego se dirigió a Córdoba donde intervino en varios encuentros contra los indios ranqueles. En 1873 fue jefe del batallón de infantería con sede en Río Cuarto. Producido un nuevo levantamiento de López Jordán se dirigió a Entre Ríos, incorporándose al cuerpo cuyo jefe era el coronel Juan Ayala. Participó en distintas refriegas y en la batalla de Don Gonzalo el 9 de diciembre de 1873. Al año siguiente se dirigió a Río Cuarto para luchar contra los indios. Alistado en las fuerzas del entonces coronel Roca, integró el llamado Ejército del Norte, como jefe de estado mayor, e intervino en la batalla de Santa Rosa (6 de diciembre de 1874), donde fue ascendido a coronel sobre el campo de batalla. Regresó más tarde a su acantonamiento de Río Cuarto, oportunidad en que el gobierno lo nombró jefe de la frontera sur. Dirigió varias expediciones contra los indios, sometió a la tribu del cacique Ramón Cabral en 1877 y a los de Baigorrita, capturando al famoso Epumer. Durante la campaña del general Roca al desierto de 1879, fue jefe de la3ra División de Ejército. Su columna salió de Río Cuarto en dirección a San Luis, alcanzando los objetivos que le habían sido señalados, llegando con ella hasta los confines del Colorado. Nadie mejor elegido que el Cnl Racedo, -íntimo amigo del general y el jefe de su vanguardia en Santa Rosa, que batiera a Arredondo en el ‘74-, quien se puso en marcha el 10 de abril de 1879 desde Villa Mercedes, reuniéndose con una columna proveniente de Fuerte Sarmiento. Llevaba 113 jefes, 83 oficiales, 1256 soldados, 116 familias, 978 caballos, 992 mulas, carros de aprovisionamiento, hacienda en pié, vivanderos. El 1 de mayo acampó en Poitahué, en donde permaneció hasta el mes de agosto. Inmediatamente organizó las expediciones que durante ese invierno terrible recorrieron más de 1500 leguas en todas direcciones. Todos volvieron con numerosos prisioneros y preciosos informes sobre el vasto y virgen territorio. El resultado de la expedición Racedo fue: 1) reconocimiento completo y palmo a palmo del territorio habitado por los ranqueles durante tres siglos; 2) la prisión, presentación o fuga de todos los indios de la región sin excepciones; 3) la liberación de 46 cautivos y la prisión de 123 indios de pelea y 469 de chusma; 4) la permanencia de tropa en el desierto en función de policía; 5) la fundación del primer pueblo en La Pampa: “General Benjamín Victorica”, el 12 de abril de 1882. Estos fueron en síntesis los logros de la expedición de la 3ra División al mando del Cnl Don Eduardo Racedo en 1879. Producida la revolución de 1880, batió a las tropas provinciales bajo el comando del coronel Arias en Olivera y Puente Alsina. Por su valiente desempeño fue ascendido a coronel mayor, regresando a su puesto de comandante de la frontera sur. En 1881 publicó su libro “La Conquista del Desierto“, de la que se hicieron varias ediciones. Describió allí sus experiencias vividas, una pintura del desierto pampeano y la vida de los indios. Originalmente fue editado con el nombre de “La Conquista del Desierto ... Memoria militar y descriptiva sobre la campaña de la 3ra División expedicionaria al territorio de los ranqueles”. A través de sus páginas se reflejan las condiciones humanas que lo distinguieron, y al mismo tiempo expresan un sentido cabal del deber cumplido. Las comunicaciones de Roca, Anaya, Villarreal, Alvarez, Andrade, Páez, Albornoz, Ríos, de los capitanejos Linconao, Soler, Ambrosio, etc -señala Cutolo-, relatan los accidentes minúsculos y patéticos como también la epopeya en su totalidad. A las anotaciones de Racedo se añaden partes, órdenes, sumarios y pesquisas que servirán para una reconstrucción de las jornadas militares y de los comandos de fronteras. El libro finaliza con unas reflexiones breves pero curiosas sobre la situación de las tierras recorridas, su pobreza o su riqueza, conforme se internan las tropas hacia el sur. Asimismo se interesa por los proyectos de líneas férreas a que dio lugar la seguridad de que “los indios” no regresarían con sus malones depredadores. Racedo aboga por la línea ferroviaria desde la ciudad de Río Cuarto hacia el pueblo de Pergamino, la que atravesaría una zona de riquísimos campos, poblados ya por valiosos intereses, tocando en centros de población importantes como Melincué, La Carlota, Reducción y Río Cuarto, eminentemente agrícolas y pastoriles todos ellos. Señala por último que esa línea férrea beneficiaría a los territorios nacionales. En 1882 fue ascendido a general, siendo al año siguiente designado gobernador de Entre Ríos destacándose su gestión por la implantación de las líneas de telégrafo provincial y la creación del banco provincial. No pudo completar su mandato, ya que el presidente Juárez Celman lo designó en 1887 ministro de Guerra y Marina, cargo que renunció al año siguiente. En 1889 fue nombrado comandante en jefe del Cuerpo de Reserva con sede en Buenos Aires. En ejercicio de ese cargo participó en la revolución del ‘90 en favor de las fuerzas gubernamentales. Figuró en la lista de oficiales superiores; en 1897, fue jefe del Estado Mayor General, comandando las maniobras militares de 1903. Fue promovido a teniente general el 23 de septiembre de 1904. Retirado del servicio activo en 1908, el presidente Figueroa Alcorta lo designó ministro de Guerra cargo que desempeñó desde el 3 de marzo de 1910 hasta el 12 de octubre del mismo año. Mandó las fuerzas que formaron el 25 de mayo de 1910 con motivo del centenario de Mayo. Falleció en Buenos Aires, el 30 de diciembre de 1918. Eduardo Gutiérrez bosquejó su silueta: era “un hombre grueso, muy grueso, moreno, de ojos negros, vivos y penetrantes, de cabellos y barba color ébano ... Su boca es pequeña y fina, de labios delgados y de terminación aguda, su nariz pequeña y aguileña, corriendo en una línea firme, su frente despejada y sus ojos penetrantes tienen la acentuación del carácter inquebrantable. Una expresión de bondad hace el tono general y suave de la fisonomía; pero todo aquel alineamiento agudo, armónico en su expresión, revela un espíritu sutil y una claridad de observación segura. Conversa sencillamente, sin pretensión de ningún género ... desarrolla su poder intelectual y se muestra superior al campo de su observación”. El general Ignacio H. Fotheringham agregó a ese medallón otros rasgos de su personalidad. Dijo que era un bello tipo de soldado. De él han quedado unas anécdotas interesantes sobre el proceder caballeresco de nuestros paisanos.



BIBLIOGRAFIA

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