ARGERICH,
Cosme Mariano
(1758-1820)


-----------------------------------------------------------------

Nació en Buenos Aires, el 26 de septiembre de 1758, siendo sus padres el coronel don Francisco Argerich y doña María Josefa del Castillo. De muy corta edad fue enviado a España, siguiendo la carrera de medicina en Barcelona, doctorándose después de seguir los cursos con destacadas calificaciones en 1783. Ejerció luego su profesión en Barcelona, logrando rápidamente amplia notoriedad. Contrajo matrimonio con doña Margarita Martí, y allí nació Francisco Cosme que había de ser también célebre médico. En 1791, la Academia de Medicina de Barcelona le acordó el título de académico.
De regreso a Buenos Aires actuó en la Hermandad de Caridad, el Hospital de Betlhemitas y la Casa de Huérfanos.
Reemplaza a su padre como examinador del Protomedicato y en el año 1800 fue designado por el Dr Miguel O’Gorman, catedrático de la Escuela de Medicina de reciente creación, siendo el alma y cerebro de la misma.
En septiembre de 1803, Argerich pasó a ser secretario del Tribunal del Protomedicato, institución que tenía a su cargo la vigilancia de los títulos de medicina, las inyecciones sanitarias a hospitales y establecimientos, la prevención de epidemias, la reglamentación de la actividad médica, quirúrgica y farmacéutica, etc.
En el año 1806 se recibieron los primeros médicos jóvenes que habían concurrido a los cursos dirigidos por Argerich. Este primer ensayo fue muy importante para el país, ya que produjo los primeros profesionales, que en la guerra de la independencia revistaron en nuestros ejércitos y ocuparon con gloria y honor los diferentes destinos de la medicina militar.
En 1806 y 1807 prestó servicios profesionales y también militares en el rechazo de las tropas inglesas. Por su intervención en la Reconquista fue nombrado cirujano del 2º Escuadrón de Húsares.
Tuvo destacada actuación en los trabajos preparatorios del movimiento de mayo, y fue uno de los concurrentes al Cabildo Abierto del 22 -como destaca Corbellini-: “los médicos votaron íntegramente por la destitución de Cisneros. Don Justo García y Valdez y don Agustín Fabre, con los moderados; don Cosme Argerich y don Bernardo Nogué, con los exaltados”.
Poco después se lo nombró conjuez del Tribunal de Protomedicato y en noviembre de 1811 figuró entre los candidatos para la junta protectora de la libertad de imprenta.
Perteneció a la Sociedad Patriótica Literaria y el gobierno le encargó la redacción de un proyecto de constitución.
En 1812, con Luis J. Chorroarín y Diego E. Zavaleta se ocupó de redactar un plan de estudios generales y de educación pública que resultó impracticable. Fue entonces cuando se le recomendó proyectar otro más reducido, limitado solamente a los estudios médicos que resultó aprobado para la “Facultad Médica y Quirúrgica”, en 1813, por la Asamblea General Constituyente. A indicación de la misma, presentó las modificaciones precisas para transformar esta institución en otra de urgente necesidad que se llamaría “Instituto Médico Militar”, y cuya creación se registró el 13 de marzo de 1813.
Su protagonismo relevante en esta obra, lo destacó Alberto Palcos de quien se glosa los conceptos siguientes, “Argerich se afirma en la certeza de que será más fácil y hacedero salvar los estudios de medicina a condición de reorganizarlos conforme a las necesidades inmediatas y urgentes del país.
Se debía buscar la forma de interesar de veras a la juventud tocándola en sus fibras más hondas. Cómo llegar al corazón de los muchachos! Enlazando su fascinación por la carrera de las armas con la práctica del arte galénico. Así conciliarían dos caras aspiraciones y serán orladas sus frentes con el más humanitario de los lauros obtenibles en el campo de batalla”.
Por esto Argerich proyecta convertir el establecimiento en militar: tal su idea maestra. Sólo de tal guisa se hará viable por el momento la enseñanza médica en las Provincias Unidas. Argerich, debemos reconocerlo, posee la clara visión de la realidad social y política. Con su actitud asegura la continuidad de los estudios de su noble profesión entre nosotros; acaso éste constituya el mayor de sus méritos entre sus contemporáneos, como ante la posteridad.
El Instituto Médico Militar fue la primera creación de orden educacional superior debido a las autoridades argentinas y dirigidas por un argentino. Señala la transición entre el Protomedicato colonial y el Departamento de Medicina fundado al erigirse la Universidad de Buenos Aires en 1821.
Días después de fundado el instituto, Argerich y demás catedráticos de la casa, queriendo eliminar de los espíritus más desconfiados los últimos restos de duda, solicita por nota al gobierno que declare expresamente militar a la escuela. En dicho documento recuerda el siguiente acierto de la Asamblea cuando aprobó el plan de estudios médicos: “Nunca podrá llegar este establecimiento al grado de perfección de que es susceptible si no se le hace militar”.
En adelante nada se resuelve en punto a la organización sanitaria de los regimientos y al cuerpo de sus cirujanos sin oir el dictamen del instituto. Los ejércitos andan urgentemente necesitados de cirujanos. El instituto se prepara para proveer a las Provincias Unidas de los médicos indispensables para las tropas y asesorar al gobierno en asunto tan delicado.
El instituto, en fin, viene a solucionar una situación calificada de mortificante por alguien que la padeció.
El reglamento ideado por Argerich y los profesores del instituto asimila a los cirujanos a las jerarquías militares y les concede uso de uniforme.
Argerich logró todo esto porque no se detiene cabalmente a contemplar de manera exclusiva la suerte de los cirujanos del ejército, de quienes es jefe nato en su calidad de director del instituto. Abarca en conjunto el problema de la sanidad militar y el de la enseñanza de la medicina en las Provincias Unidas, los vincula sagazmente y aplica los remedios más conducentes dentro de la época y el medio. Concluye A. Palcos: “Procede sin ruido, silenciosa y enérgicamente. La revolución destaca su austera personalidad; lleva el soplo vivificante de Mayo al campo de las actividades médicas”.
Nombrado ese mismo año Argerich en la cátedra de clínica médica, en 1814, proyectó un reglamento de medicina militar con Francisco de Paula Rivero y Agustín E. Fabre, que incluyó en su articulado la escala jerárquica de la sanidad castrense y los sueldos respectivos.
En 1818, Argerich retomó la iniciativa para completarla, y elevó al gobierno un plan de estudios y el reglamento para el gobierno del instituto médico.
Desempeñando este puesto, víctima de un ataque, falleció en Buenos Aires, el 14 de febrero de 1820, siendo depositados sus restos en el templo de San Francisco, de donde fueron exhumados tres años después para ser trasladados al cementerio de la Recoleta. El doctor Pedro Rojas, uno de sus discípulos, pronunció en la ceremonia un elocuente discurso, destacando su dulce carácter, su espíritu inquieto, vehemente, de extremado amor propio. Bernardino Rivadavia, ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires en un acto posterior en su homenaje señaló: “Perpetuar la memoria de los hombres recomendables es hacer justicia a sus méritos y estimular a los demás a que inciten su ejemplo”.

Recuerdan su nombre en la ciudad de Buenos Aires una calle, un hospital municipal y el Hospital Militar Central, por haber sido este cirujano mayor “El primer director de Sanidad Militar de los ejércitos de la independencia y director del Instituto Médico Militar”. Se lo considera además, el primer organizador de la Sanidad Militar en nuestro país.



BIBLIOGRAFIA

- ISAAC MANULIS, La Sanidad en la Guerra de la Independencia, en Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas, UBA, Facultad de Filosofía y Letras. Bs. As. 1929, tomo VIII, Año VII Nº 39-40.
- ALBERTO PALCOS, Una creación poco conocida de la Asamblea del Año XIII: El Instituto Médico Militar, en La Prensa, Bs. As., 14 de abril de 1940.
- VICENTE DALMASES, Apuntes biográficos del Doctor Cosme Argerich, Bs. As. 1947.
- JOSE LUIS MOLINARI, Cosme Argerich ... en Vidas de Grandes Argentinos, Bs. As., tomo I. p. 125-131.
- JOSE M. MASSINI EZCURRA, Los Argerich, Bs. As., 1955.
- ENRIQUE CORBELLINI, La Revolución de Mayo, Bs. As., 1960, tomo II.