ALVEAR, Carlos de
(1789-1852)


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El vencedor de Ituzaingó, coetáneo y coprovinciano del Libertador Grl San Martín, vivió intensamente diversas épocas de nuestra historia y sus afanes de ser útil a la patria lo llevaron a actuar en campos políticos distintos allí donde se necesitaron hombres de espíritu liberal, militares abnegados, ciudadanos que no dudaron en jugarse su prestigio por la causa nacional; servidores en fin de la independencia y de la consolidación del naciente estado emancipado.
Había nacido el 25 de octubre de 1789 en Santo Angel de la Guardia, actual gobernación de Misiones, hijo de don Diego de Alvear Ponce de León natural de Andalucía, brigadier de la real armada y de doña María Josefa Balbastro, porteña. Acorde lo reveló su partida de bautismo, no se llamaba como tradicionalmente se lo conoce Carlos María, sino, extensamente al uso de la época: Carlos Antonio Josef Gabino del Angel de la Guardia, según lo demostrara Sabina de Alvear y Ward.
Realizados sus primeros estudios, ingresó como cadete del Regimiento de Infantería de Buenos Aires (1802) pasando poco después al Regimiento de Dragones.
En 1804, Diego de Alvear, resolvió regresar a España con toda su familia. Embarcaron en una expedición compuesta por cuatro fragatas españolas, que fue atacada por naves inglesas cerca de la costa española, el 5 de octubre de 1804, salvándose solamente Don Diego de Alvear y su hijo Carlos, pereciendo el resto de la familia en el incendio de la “Mercedes”.
Ambos prisioneros, fueron llevados a Inglaterra con el resto de la flotilla española donde el joven Alvear completa su educación, pudiendo llegar a España recién en 1806.
Padre e hijo se apresuraron a enrolarse entonces en “Carabineros Reales”. La Junta de Cádiz, concedió a Don Diego, una capitanía, y su hijo, ingresó en las filas, con el grado de alférez, según narra G. F. Rodríguez, asistiendo a los combates de Talavera, Jevenes y Ciudad Real contra los franceses, donde el joven Alvear, aparece recomendado por su capacidad militar.
Pronto dejó el ejército español, y el 11 de septiembre de 1811 se dirigió a Londres, donde conoció a Francisco Miranda “El Precursor”, que preparaba desde la Sociedad de Caballeros Racionales la independencia de las colonias españolas en América. Alvear, San Martín, Chilavert, Zapiola y otros americanos estuvieron conectados con estas logias y entidades de orígenes masónicos, cuyo verdadero carácter discuten los historiadores.
A bordo de la fragata “George Canning”, resolvieron juntos iniciar viaje al Río de la Plata para cumplir los objetivos emancipadores prefijados.
El 9 de marzo  de 1812, arriba la nave al puerto de Buenos Aires; apenas llegados San Martín y Alvear ofrecieron sus servicios al gobierno. Ambos fueron aceptados con el grado militar que traían de España. San Martín tomó el mando del nuevo Regimiento de Granaderos a Caballo y designó a Alvear segundo oficial, en el empleo de sargento mayor.
De inmediato se dedicó Alvear a la política y a organizar en Buenos Aires una filial de la Logia Lautaro. La revolución del 8 de octubre, que derrocó al primer Triunvirato, constituyó, señaló el historiador Gregorio F. Rodríguez, “un triunfo político de Alvear, cuya influencia en la orientación que tomaron los sucesos fue decisivo”.
El Cabildo lo eligió miembro del nuevo Triunvirato, designación que Alvear no aceptó. Los jefes militares, declaró entonces, no debían aparecer “ni en clase de electores ni de electos, ni tener la menor intervención en estos asuntos, ni otra que proteger la libertad del pueblo”.
Diputado por Corrientes y presidente de la Asamblea General Constituyente de 1813, ligó su nombre a las sanciones de la misma cuando sólo contaba 23 años de edad. En junio de 1813, renunció a la Asamblea y reanudó su vida militar y fue ascendido al grado de coronel, comandante en jefe de la guarnición de Buenos Aires, cargo éste que lo convirtió en árbitro de la situación.
Se propuso concentrar el poder en un solo magistrado, régimen centralista que iniciará Posadas nombrado primer Director Supremo. “Tío de Alvear, su elección era un triunfo del partido alvearista, afirma B. Mitre, que le preparaba por este medio el camino al poder”.
Organizó la campaña para someter a los realistas de la Banda Oriental, colaboró con la idea de Larrea de creación de la escuadra nacional y fue elevado a la jerarquía de general en jefe del ejército que sitiaba Montevideo. Reemplazó a Rondeau en el mando de las operaciones y el 23 de junio de 1814 ocupó Montevideo. Fue ascendido a brigadier general y proclamado por la Asamblea “Benemérito en Grado Heroico”.
La guerra civil dificultó su proyecto de comandar las fuerzas del Alto Perú y el Directorio le entregó de nuevo la dirección de las operaciones en la Banda Oriental. Durante ellas se batió en todas direcciones con las tropas del Grl Artigas, a quién obligó a retirarse a los confines del país y de allí buscar asilo en territorio del Brasil.
Nombrado general en jefe del Ejército del Norte, fue una vez más a reemplazar a Rondeau, pero al salir de la ciudad de Córdoba de paso hacia el Alto Perú, recibió la noticia de la sublevación de las fuerzas en Jujuy. Los principales oficiales, rechazaron el mando de Alvear y acusaron al gobierno de pretender entregar el país a Fernando VII.
Posadas renunció al cargo de Director Supremo en enero de 1815 y la Asamblea lo designó a Alvear en su reemplazo.
Alvear se enfrentó con una situación difícil; en la ciudad crecía la oposición. Algunos objetaban su extrema juventud, a otros les desagradaba su modo autoritario. Quiso adoptar enérgicas medidas, algunas totalmente impopulares, como el relevo de San Martín en la Gobernación Intendencia de Cuyo, por el Cnl Gregorio Perdriel, que no pudo hacerse cargo dada la decidida actitud del Cabildo de Mendoza.
Intentó otorgar a su poder la base de un partido militar, mientras la misión García ante la Corte de Río de Janeiro llevaba una nota suya al ministro de Negocios Extranjeros de Gran Bretaña y otra a lord Stranford, en las que pedía el protectorado de Inglaterra, documento que los estudiosos analizan con criterios disímiles, aunque mayoritariamente críticos.
La vanguardia de las tropas enviadas para contener a Artigas se sublevó en Fontezuelas y exigió la renuncia de Alvear.
Esta revolución del 15 de abril de 1815 contó con el beneplácito popular y Alvear fue desterrado y residió por algún tiempo en Brasil. De regreso de su exilio, en marzo de 1820, aliado con los caudillos Ramírez y López trató de tomar el poder político en Buenos Aires, mas fracasado su intento, debió huir presuroso a Santa Fé, protegido por el general chileno Carrera.
Refugiado otra vez en Montevideo, una Ley de Olvido dada en el año 1822, lo restituye a la patria. Nombrado por Rivadavia ministro plenipotenciario en Inglaterra y en EEUU, en 1825 cumplió igual misión ante Bolívar.
Regresó del extranjero y formó parte del gabinete de Rivadavia. Ejerció allí el cargo de ministro de Guerra y pasó luego al comando del Ejército de Operaciones contra el imperio del Brasil, campaña ésta en la que rehabilitó su nombre.
Demostró condiciones de mando y de acuerdo a las circunstancias logró una serie de victorias en Bagé, Ombú, San Gabriel, Camacuá, Bacacay y sobre todo Ituzaingó (20 de febrero de 1827), que dió por resultado la independencia de la Banda Oriental y nuevas glorias a las armas argentinas.
El gobernador delegado de Lavalle, general Martín Rodríguez lo designó nuevamente ministro de Guerra.
En 1838, Rosas, lo nombró ministro plenipotenciario en los Estados Unidos. Ejerció durante catorce años el cargo sin regresar al país. Urquiza ratificó esa designación pero falleció en Nueva York el 2 de noviembre de 1852.
En carta a su hijo Emilio dejó su testamento político “la causa fundamental de los desastres argentinos, dice, es no haber podido dar vigencia a una constitución y asegurar bajo su régimen un orden legal que garantizara todas las libertades. Los principios democráticos y republicanos son los únicos que nos convienen y los únicos capaces de salvarnos de tantos males y calamidades”.

En el mausoleo de la familia Alvear en el cementerio de la Recoleta en Buenos Aires se hallan sus restos, así como los de su hijo Torcuato, primer intendente de la municipalidad de la ciudad de Buenos Aires y los de su nieto Marcelo, que fue presidente de la república en el período 1922-1928.



BIBLIOGRAFIA

GREGORIO F. RODRIGUEZ, Historia de Alvear. Con la acción de Artigas en el período evolutivo de la revolución argentina de 1812 a 1816, Bs. As., 1913.
SABINA DE ALVEAR Y WARD, Historia de Don Diego de Alvear, Madrid 1891.
BARTOLOME MITRE, Historia de Belgrano, Bs. As., 1887 tomo II.
MARIANO A. PELLIZA, Glorias Argentinas, Bs. As., 1888, pp. 49-55.
CARLOS CORREA LUNA, Alvear y la diplomacia 1824-1825, Bs. As., 1926.