El conflicto del Sahara Occidental se caracteriza por su complejidad, evidenciada en múltiples razones: la historia, el contexto geopolítico, los actores intervinientes y, también, en cuestiones de índole jurídica, donde, por un lado, las Naciones Unidas consideran al territorio del Sahara Occidental como una colonia, cuya potencia administradora de iure sigue siendo España, y, por otro lado, hay 80 países que reconocen al Sahara Occidental como un Estado, la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). A tal punto es la importancia del problema que el Estado Saharaui es parte de la Unión Africana y es reconocido por gran parte de América Latina, manteniendo representaciones diplomáticas con México, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Uruguay. La evolución del conflicto hace que otros países americanos intenten restablecer relaciones, como Perú, además de formalizar los reconocimientos por parte de los gobiernos de Colombia, Brasil y Chile.

La vigencia del potencial que demuestra el conflicto ha sido motivo de un estudio permanente por parte de la República Argentina. Desde la gestión del gobierno de Alfonsín, cuestiones de último momento impidieron el reconocimiento de la RASD. Es por ello que desde 2011 existe una Misión Permanente que busca que el gobierno argentino siga el ejemplo de los países de la región. La necesaria solución de este conflicto hace del mismo una importancia geopolítica actual para las vinculaciones de la política exterior de nuestro país.