(1777-1857)

La mayor gloria de la marina argentina nació en la vieja Europa, exactamente en Foxford, en el condado irlandés de Mayo, el 22 de junio de 1777.
A los 9 años emigró hacia los EEUU debido al “sueño americano” de su padre, en mala situación en Irlanda. Igualmente el destino quiso que el pequeño Guillermo quedara huérfano al poco tiempo de llegar a Filadelfia.
Sin medios económicos ni afectivos, fue la carrera naval su refugio y su oxígeno. Comenzó como grumete en un buque norteamericano que navegó el Atlántico y el mar de las Antillas; y conoció las costas americanas y de la Gran Bretaña. Este último país lo tuvo como guardiamarina pero luego decidió abandonar la marina real británica para incorporarse a la mercante.
Cuando estuvo al mando de una embarcación inglesa fue capturado por un navío francés y llevado como prisionero a las celdas de las fortalezas de Metz y Verdún. Inglaterra y Francia se encontraban en guerra en 1796, pero escapándose consiguió su libertad y regresó a Inglaterra para continuar su actividad mercantil. En 1809 se casó con Elisa Chitty y viajó a las costas rioplatenses para radicarse en Montevideo. Allí consiguió un navío para poder comerciar con Brasil pero se lo confiscaron por falta de documentación. Fue en abril de 1810 cuando arribó a Buenos Aires como capitán y propietario de la fragata mercante “Jane”, siendo testigo de los sucesos de la Revolución de Mayo.
El navío “Elisa” fue su nueva propiedad en 1811, pero desafortunadamente naufragó en las cercanías de la ensenada de Barragán. Igualmente, con la parte del cargamento que no se fue a pique, se asoció con Guillermo Pío White y pudo comprar la fragata “Industria” con el objetivo de navegar la distancia entre Buenos Aires y Colonia. Su suerte no mejoró y la embarcación fue apresada por la escuadrilla realista de Montevideo.
A partir de allí el futuro almirante demostrará una sólida adhesión y simpatía con respecto a la causa de los patriotas.
Dio testimonio de ello al luchar contra los realistas en la Banda Oriental apoderándose de varias goletas de los ibéricos y transportar armas, víveres y comunicaciones del gobierno de Buenos Aires a los patriotas que peleaban en la otra ribera.
En apoyo del sitio de Montevideo que hacía por tierra Rondeau, el gobierno bonaerense resolvió armar una escuadra para combatir por el monopolio del río con los españoles. Brown recibió los despachos de teniente coronel de ejército al servicio de la marina de manos del director supremo Posadas (1 de marzo de 1814) y se le encomendó la comandancia de la flota.
El 8 de marzo zarpó la escuadrilla integrada por la “Hércules”, la “Cefiro” y la “Nancy”; su primer objetivo fue dar alcance a la escuadrilla española de observación. Brown recibió el refuerzo de naves al mando de Seaver, Nelson, Hardell y Spiro; esto lo decidió a atacar Martín García, en poder de España.
El combate por la isla fue el bautismo de fuego de la fuerza naval argentina. Comenzó mal ya que el primer ataque del 11 de marzo fue contenido, pero el lobo de mar irlandés reanudó el combate el 15 y luego de una lucha heroica y violenta tomó, para honra de los patriotas, el baluarte español en el Plata. Esta acción junto con la victoria posterior del arroyo de la China, afirmaron su situación en el río de la Plata.
La escuadra de Montevideo comandada por Miguel Sierra fue obligada a romper el bloqueo de Brown. La acción naval de Montevideo tuvo como triunfador a este último, produciéndose la rendición de la ciudad oriental al ejército que lideraba Alvear.
En el combate culminado el 23 de junio, Brown sufrió una fractura en su pierna trasladándose de la “Itatí” a la “Hércules” donde siguió el conflicto ayudándose de una silla continuando con la dirección de las maniobras y de los ataques.
El gobierno le donó, en gratitud, la corbeta “Hércules”. Con ella y con el bergatín “Trinidad” zarpó el 15 de septiembre de 1815 desde Buenos Aires para iniciar una navegación por el Pacífico. Soportó las inclemencias climáticas propias de la región del cabo de Hornos que no impidieron su llegada a la isla de Mocha, en las cercanías de Talcahuano. Allí se le unió la corbeta-corsario “Halcón” al mando de Bouchard.
Una de las empresas más importantes que realizó Brown fue, sin duda, el ataque al Callao, que en aquellos días era un emplazamiento fuerte y sólido de los realistas en América. Durante el bloqueo y los ataques se fue a pique la nave española “Fuente Hermosa” y se capturó la fragata “Consecuencia” que poseía un cargamento de importancia y pasajeros destacados como el gobernador de Guayaquil.
El navío “Consecuencia” fue rebautizado con el nombre de “Argentina” y realizó al mando de Bouchard un imponente viaje de circunnavegación con nuestra bandera.
Por la escasez de víveres el comodoro Brown se vió obligado a levantar el bloqueo y se dirigió con la “Trinidad“ y una goleta a atacar a Guayaquil.
El 8 y 9 de febrero de 1816 atacaron, capturaron y demolieron el fuerte llamado “Punta Piedras” y una batería cercana a la ciudad. La “Trinidad” continuó su avance pero desafortunadamente la marea y la falta de viento la hicieron varar. El ataque enemigo se hizo enseguida presente produciendo la deserción de gran parte de su tripulación.
Cutolo afirma sobre dicho suceso: “El episodio tiene contornos épicos. Como Brown observaba que su tripulación, al ser apresada, era pasada por cuchillo contra todas las disposiciones del derecho de gentes, empuñó un hachón llameante y amenazó volar la nave con amigos y enemigos a bordo si no se les concedía el trato de prisioneros de guerra. Sabían muy bien sus adversarios que Brown era capaz de cumplir esa amenaza y accedieron a su pedido, por lo cual el almirante recobró su libertad”.
Posteriormente el marino ofreció sus servicios a los patriotas colombianos, pero las autoridades inglesas le decomisaron la “Hércules”; esto motivó su viaje a Inglaterra para reclamar ante el Almirantazgo anglosajón este hecho inaceptable. Permaneció más de un año en Inglaterra y dejó a sus procuradores para que continuasen con el litigio. Regresó a Buenos Aires en octubre de 1818 y al llegar se encontró con un proceso que le había formado el Directorio siendo sometido a un tribunal militar que lo absolvió devolviéndole sus bienes. Se lo había juzgado por desobediencia y su arresto fue pedido por el cónsul inglés al gobierno.
Brown conservó su jerarquía, además de su espíritu heroico, pero permaneció fuera de actividad hasta que estalló la guerra con el Brasil (1825).
El 12 de enero de 1826 se lo promovió a Cnl My al servicio de la marina y se le encomendó la comandancia de la escuadra. Nuevamente contó con fuerzas inferiores y con subordinados que no estaban capacitados o que no respondían a sus intenciones. Los bergantines “Balcarce” y “Belgrano”, y la lancha “La Correntina” formaban su fuerza. Sin embargo esto no lo asustó a Brown, quien siempre demostró decisión y capacidad en las tácticas y maniobras.
Luego que el gobierno reforzó la escuadra con otros buques, el irlandés tomó la ofensiva librando el primer combate el 9 de febrero de 1826. Los brasileños se retiraron y los republicanos regresaron al fondeadero pero la actitud de los comandantes de los buques patriotas no fue la aconsejable (se colocaron fuera de tiro) y fueron sometidos a consejo de guerra.
A fines de febrero atacó Colonia, luego reconquistó Martín García y desató la gloriosa acción de Los Pozos, frente a Buenos Aires (11 de junio de 1826), siendo recibido triunfalmente en la ciudad.
A fines de julio los imperiales volvieron a amenazar al fondear con 22 unidades frente a Buenos Aires. El 29 de julio la “25 de Mayo”, donde estaba embarcado Brown comienza la ofensiva pero sólo la goleta “Río de la Plata” al mando de Rosales apoya con su fuego al buque insignia. El almirante tuvo que tomar distancia del enemigo debido al poco respaldo de sus subordinados. Al otro día todas las naves republicanas pelearon en forma desordenada, y al final, sólo la “25 de Mayo”, continuó luchando. La parte heroica comenzó cuando los 20 buques imperiales lo rodearon y concentraron su fuego contra él. Pese a que la embarcación ya daba muestras de claros deterioros el enemigo temía el hecho de abordarlo debido a que suponían que Brown, haría volar la Santa Bárbara con todos juntos.
Posteriormente, el resto de la escuadra argentina respondió al llamado de ayuda a su comandante, quien reorganizó la flota y pasó al ataque batiendo al enemigo pero sin rendirlo. La acción continuó con una navegación victoriosa por las costas brasileras que ayudó a debilitar el bloqueo que se hacía a Buenos Aires.
En febrero de 1827 se le informó a Brown de la aproximación de Sena Pereira y de su división; sin dudarlo partió a su encuentro originándose el glorioso combate de Juncal (8 y 9 de febrero de 1827) que fue favorable a los republicanos. Sena Pereira fue capturado junto con 4 buques mayores y 1 goleta.
El combate con los imperiales se reanudó el 24 de marzo frente a Quilmes donde obtuvo otro triunfo. Brown regresó a Buenos Aires y fue recibido y aclamado con entusiasmo.
El 8 de abril se dió el encuentro más difícil de esa campaña. En Monte Santiago la flota nacional perdió la “Independencia” y el “República”. Brown fue herido y recién en junio volvió a brindarle a la nación su experiencia y tenacidad en los últimos combates y operaciones contra los brasileros.
En premio a sus servicios el ministro Balcarce lo nombró brigadier general, que era el ápice de la jerarquía militar.
A fines de 1828 fue gobernador delegado de Buenos Aires, desde el 5 de diciembre y ejerció el cargo hasta el 4 de mayo de 1829, cuando fue su renuncia aceptada por Lavalle. En septiembre fue nombrado director del Banco Nacional siendo sus días más tranquilos y pacíficos en la quinta que poseía en Barracas.
En 1841 el viejo lobo de mar volvería a las andanzas cuando el Restaurador de las Leyes, Juan Manuel de Rosas, le asignó la misión de crear una escuadra para hacerle frente a Rivera, a Coe y a las fuerzas extranjeras.
Al mando de la flota nacional mantuvo el bloqueo de Montevideo y obtuvo varias victorias.
Luego del fracaso del norteamericano Coe, Rivera puso su flota a cargo de Garibaldi. La principal acción entre el irlandés y el italiano se dió el 15 y 16 de agosto de 1842 en Costa Brava, donde los navíos enemigos fueron volados en pedazos.
En 1843 Rosas le asignó al almirante establecer el bloqueo del puerto de Montevideo, para apoyar el sitio terrestre de Oribe. La intevención anglo-francesa influyó mas tarde en esta acción. Igualmente prosiguió el bloqueo hasta el 27 de junio de 1844 en que volvió a Buenos Aires; mientras que el Cnl Toll lo relevaba en el mando de la escuadra. Al año siguiente regresó para hacerse cargo pero el 31 de julio de 1845 ante la presión  de la escuadra anglo-francesa se vió obligado a regresar a Buenos Aires y a entregar a los invasores 3 naves de la flota.
En 1847 se dirigió a su país de origen. Cuando regresó  tuvo una vejez calma en Barracas donde la vida cotidiana se alternaba con la espiritual debido a su sentida religiosidad.

El héroe más significativo de la marina argentina, falleció en Buenos Aires el 3 de marzo de 1857 dejando como legado la gloria de sus hazañas y una frase que resume su estirpe guerrera: “Es preferible irse a pique que rendir el pabellón”.

BIBLIOGRAFIA

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TEODORO CAILLET-BOIS, Ensayo de Historia Naval Argentina, Bs. As., 1940.
LEONCIO GIANELLO, Alte Guillermo Brown, Bs. As., 1957.
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ROBERTO ECHEPAREBORDA, Apuntes bibliográficos sobre el Alte Brown. En revista Historia, Bs. As., 1957, Nº  7, pp. 79-99.

 

 

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