(1764-1850)

El héroe máximo de los uruguayos nació en Montevideo el 19 de julio de 1764, siendo bautizado dos días después en la Iglesia matriz de esa ciudad por el Pbro Dr Pedro García.
Fueron sus padres Martín José Artigas y Francisca Antonia Pascual cuya sólida posición económica permitió su educación inicial en la escuela de los padres franciscanos del convento de San Bernardino, donde fue condiscípulo de futuros generales como Rondeau, De Viana y De Vedia.
Su abuelo materno intentó que siguiera la carrera eclesiástica, pero al no tener vocación religiosa, el joven oriental prefirió la vida rural y sus duras labores en los campos de propiedad de su padre, en especial en su estancia del Sauce.
Recién se incorporó al ejército a los 33 años, en 1797 como soldado en el Cuerpo Veterano de Blandengues de la frontera de Montevideo, haciendo ascendente y rápida carrera en la milicia. Fue teniente a los pocos meses y en marzo de 1798 obtuvo el cargo de ayudante mayor gracias según Yaben “a la protección que le dispensan Olaguer Feliú y Sobremonte, jerarquía cuyos despachos firmados por el rey llevan fecha 2 de enero de 1799 y en la que permanecerá hasta después del movimiento emancipador que estallará en las Provincias Unidas”.
Durante ese período combate contra contrabandistas, portugueses e indígenas y haciéndose cargo a mediados de 1804 de la comandancia general de campaña el Cnl Francisco Xavier de Viana, lo designa su ayudante.
Al año siguiente pide licencia total en el ejército que le es concedida casándose el 31 de diciembre con su prima Rafaela Rosalía Villagrán, quien le da un hijo, pierde al poco tiempo el juicio y fallece tempranamente en 1809.
Fuera del servicio activo fue designado oficial de resguardos en la zona de la Aguada, pero ante la invasión inglesa del Río de la Plata, se reincorporó a las fuerzas de Liniers y en 1806 en los Corrales de Miserere, luchando en el ataque del Retiro y la Plaza de la Victoria.
Rendido Beresford llevó el parte del triunfo al gobernador Ruiz Huidobro luego de sufrir naufragio y peripecias increíbles para cumplir con éxito su misión a Montevideo.
Luchó contra los ingleses en Maldonado, los enfrentó en El Buceo, combatió en el Cardal y defendió la ciudad sitiada hasta su caída el 3 de febrero de 1807.
Artigas se escapó y siguió hostilizando con denuedo a los invasores el medio año que permanecieron ocupándola. Prosiguió luego en el servicio de campaña con sus blandengues, gozando de la confianza del gobierno español y obteniendo el grado de capitán de la 3ª Compañía de ese cuerpo en septiembre de 1810.
Al año siguiente tuvo por destino la guarnición de Colonia del Sacramento, fugándose a Buenos Aires, al declararse la guerra entre la junta revolucionaria porteña y el gobierno realista de Elío en Montevideo, para ponerse al servicio de los ideales de Mayo.
La Junta lo nombró teniente coronel de Blandengues en Montevideo y segundo jefe de ejército de operaciones en la Banda Oriental a las órdenes de Manuel Belgrano.
Obligado éste a asumir la campaña del Paraguay Rondeau lo reemplaza, mientras Artigas que había invadido su provincia natal al frente de 250 veteranos porteños, la subleva logrando los primeros triunfos militares en El Colla (Colonia), San José y Santa Teresa y derrotando por completo a los españoles el 18 de mayo de 1811 en Las Piedras, pone sitio inmediato a Montevideo.
Cuando se produce por vía diplomática el armisticio del 20 de octubre de 1811 Artigas denuncia y resiste ese tratado que considera inicuo y poniéndose al frente de su pueblo se dirigió a Entre Ríos para establecer su campamento en los márgenes del Ayuí, en la marcha que se reconoce como el Exodo Oriental.
Desde allí, -afirma Cutolo-: “comenzó su larga y profética labor política, que culminó con las instrucciones de abril  de 1813, y en dos proyectos constitucionales completos, provincial el uno, nacional el otro, cuyos principios rectores dieron base ideológica  al posterior movimiento federal argentino. Firmó entonces, con el comisionado de Buenos Aires, el primer pacto de integración nacional, y el 19 de abril de 1813, la Banda Oriental se incorporó a las Provincias Unidas ‘sobre la base inmutable de la libertad’. Dice un autor que el tremendo error político de la Asamblea General  Constituyente de 1813, al rechazar los poderes de los diputados orientales, encendió la chispa de la primera contienda civil rioplatense por la organización institucional del estado, cuyas funestas secuelas fueron la invasión lusitana, la guerra con el Brasil, la independencia oriental, el desmembramiento del virreinato y la convulsión revolucionaria permanente en que se debatió el Río de la Plata hasta 1860.”
Opuesto a la política directorial, varias veces Artigas fue acusado de “traidor a la patria” y hasta se ofreció recompensa a quien lo “presentare vivo o muerto” y otras tantas tales resoluciones anuladas, calificándoselo de “buen servidor de la patria” y reintegrándolo en su grado de coronel con todos los honores y prerrogativas.
La ruptura, primero parcial y luego definitiva con el gobierno de Buenos Aires y su influencia cada vez mayor en Córdoba y las provincias mesopotámicas: Santa Fé, Entre Ríos, Corrientes y Misiones armadas por el sentimiento federalista junto a la Banda Oriental lo llevó a proclamar en 1814 la Liga de los Pueblos Libres en la que asumió el título de Protector.
En 1815 convocó en Concepción del Uruguay el Congreso de Oriente y producida en 1816 la invasión portuguesa a su provincia, encabezó la heroica resistencia al nuevo invasor.
Vencedor en todos los combates protagonizados contra las tropas del régimen directorial cuando éstas invadieron Entre Ríos y Santa Fé, correrá luego adversa suerte enfrentando al ejército lusitano, veterano de las guerras napoleónicas, siendo aniquilada su resistencia, luego de cuatro años de lucha sin cuartel, desde los encuentros de San Borja, Ibiracoi, Caarumbé, India Muerta, Arapey, Arroyo Catalán y Aguapey que terminan con la ocupación de Montevideo por los portugueses (20 de enero de 1817) hasta la definitiva derrota en Tacuarembó el 22 de enero de 1820, hito aciago y decisivo en la existencia de Artigas.
Para entonces el Directorio, que tan ajeno estuvo a la integración rioplatense, caía en Cepeda (01 de febrero de 1820) por la acción conjunta de López y Ramírez, los recios caudillos del litoral quienes firmaron con Sarratea, gobernador de Buenos Aires, el tratado del Pilar el 23 de ese mismo mes.
El enfrentamiento de Artigas, que rechaza el acuerdo pactado, con Ramírez es total y éste sucesivamente lo derrota en varios combates que se libran a veces diariamente en los meses de junio y julio de 1820.
Sostendrá Cutolo: “En septiembre de 1820, abatido por la adversidad, sin armas y sin soldados, reunió el dinero que le quedaba y lo envió a los oficiales prisioneros en Río de Janeiro; transpuso el Paraná y se asiló en el Paraguay. El dictador Francia lo sepultó en lo más abrupto y solitario de la selva. Se dedicó Artigas al cultivo de la tierra para poder subsistir, y allí murió el 23 de septiembre de 1850, en Ibiray, cerca de Asunción”.

“Los restos de Artigas fueron llevados a Montevideo en 1855. La República Oriental del Uruguay lo ha reconocido como el forjador de su Independencia. Según versiones tradicionales, era un hombre de regular estatura, musculoso y delgado, de ojos azules cambiantes, ora claros, ora oscuros, de mirada penetrante. El perfil marcadamente aguileño, acentuaba la expresión de firmeza de su boca”.

BIBLIOGRAFIA
EDUARDO ACEVEDO, José Artigas. Jefe de los Orientales y Protector de los Pueblos Libres. Alegato histórico, Montevideo, 1950, 3 ts.
FACUNDO A. ARCE Y MANUEL DEMONTE VITALE, Artigas. Heraldo del federalismo rioplatense, Paraná, 1950.
JOHN STREET, Artigas y la emancipación del Uruguay, Montevideo, 1967.
JOAQUIN PEREZ, Ramírez y Artigas. Elevación y ocaso. En Trabajos y Comunicaciones, La Plata, 1949, Nº 1, pp. 143-198.
EMILIO RAVIGNANI, San Martín y Artigas en la historia rioplatense. En Revista Nacional, Tomo XIX, Nº  57, Montevideo, 1952.

 

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