(1770-1816)

Nació en Buenos Aires en 1770. Era hijo de Manuel Antonio Warnes y de su segunda esposa Ana Jacoba García de Zúñiga.
Se inició en la carrera militar el 3 de octubre de 1791, fecha en que fue dado de alta como cadete en el cuerpo de Blandengues de Montevideo, siendo promovido a subteniente en 1795.
Tomó parte en la Reconquista y Defensa de Buenos Aires, y en mérito a su actuación fue ascendido a teniente. Apoyó la Revo-  lución de Mayo e hizo la campaña del Pa- raguay con el Grl Belgrano, cayendo prisionero.
Fue enviado a Montevideo, y a su regreso la Junta lo nombró teniente coronel, el 25 de agosto de 1811. Su posterior destino fue el Ejército del Norte cuando Belgrano asumió la jefatura. Intervino en las batallas de Tucumán y Salta, en esta última como ayudante de aquél. En los partes de las dos batallas fue citado elogiosamente por Belgrano, mereciendo por su actuación el grado de coronel graduado de infantería, el 25 de mayo de 1813.
Destaca Cutolo que “hizo la campaña del Alto Perú, estuvo en Vilcapugio y Ayohuma, siempre a las órdenes de Belgrano, quien al replegarse lo envió a Santa Cruz de la Sierra como gobernador intendente.
Su actividad fue enorme, dado que para dar el ejemplo trabajaba personalmente en los talleres fabricando armamento, munición y equipo, sin desatender sus funciones de gobernante”.
Formó un pequeño ejército, perfectamente equipado e instruido, y con base de operaciones en Santa Cruz, hizo guerra de guerrillas, al igual que otros caudillos altoperuanos, oponiendo contra el enemigo la notable resistencia de Santa Bárbara y batióse con denuedo en Las Horcas, en Las Petacas y otras muchas acciones.
Reunido con las fuerzas del general Arenales, llegaron a sumar 1.100 hombres, actuó bajo sus órdenes en la batalla de La Florida.
Warnes comandó el ala derecha al tiempo que el comandante Diego de la Riva dirigió el ala izquierda, y el comandante Mercado ensayando el ardid de huir, le permitió atraer sobre sus líneas las tropas del coronel Blanco, situación que aprovechó Warnes para destrozarle la caballería.
Después de la victoria de La Florida, Warnes volvió a Santa Cruz, donde continuó la guerra de guerrillas y aumentó sus efectivos.
En el Alto Perú habían surgido guerrilleros por todas partes, entre otros; Manuel Ascencio Padilla, Juana Azurduy de Padilla, el propio Arenales que practicó esas riesgosas escaramuzas, los hermanos Lanza, Rivero, Arce, Camargo, el marqués de Yaví, etc. Desde Lima y por orden del general Ramírez de Orozco se destacaron tropas y fuertes columnas en distintos rumbos, con instrucciones expresas de acabar con los guerrilleros.
Una de esas divisiones a órdenes del coronel Tacón, en combinación con las fuerzas del coronel Aguilera, había destrozado a las fuerzas del coronel chuquisaqueño Manuel Ascencio Padilla, émulo de Warnes y Güemes en valor y patriotismo. Padilla sucumbió heroicamente en la épica jornada de El Villar (4 de septiembre de 1816).
El Cnl Aguilera, recibió la misión de marchar sobre Santa Cruz y terminar con Warnes como había aniquilado a Padilla y a los 75 prisioneros, que hizo pasar por las armas, con la sola excepción del capellán Mariano Suarez Polanco.
Aguilera tras su campaña contra Padilla, operó contra Warnes con cerca de 3.000 hombres bien armados y adiestrados. Marchó sobre Santa Cruz llegando hasta Las Horcas, caserío próximo a aquella ciudad.
Sorprendido Warnes salió a enfrentarlo con 1.000 hombres en la Vega de Pau. El combate se trabó cruentamente el 21 de noviembre de 1816 durante seis horas.
Los patriotas llevaban la mejor parte, pero la fatalidad hizo que una bala de cañón derribara al caballo que montaba Warnes, quien quedó parcialmente aplastado por el animal; incómoda posición -narra Berta Bilbao Ritcher- desde donde siguió defendiéndose como un león aprisionado y acosado. Sus soldados lucharon desesperadamente tratando de cubrir su cuerpo y librarlo de tan peligrosa situación mientras caían uno por uno. En la refriega Warnes fue traspasado por la bayoneta de un soldado y ultimado segundos después por un disparo de pistola de un segundo enemigo.
Cuando los patriotas vieron muerto a su jefe se quebraron y abandonaron el campo de batalla.
El historiador español Torrente -nada afecto a los americanos protagonistas de la emancipación-, en su conocida obra del siglo XIX refiriéndose al hecho, señaló: “El formidable Warnes, exhaló el postrer aliento sobre un montón de cadáveres”.
Por la tarde regresó la caballería patriota después de haber perseguido y destruido por completo a la caballería realista y al enterarse de la derrota de sus compañeros de infantería y de la muerte de su querido jefe, enceguecidos por el furor y la sed de venganza, sin esperar orden alguna, desordenadamente se lanzaron al asedio desafiando la muerte con valor sobrehumano.
Sus lanzas y sus machetes nada pudieron hacer ante el poderoso armamento del enemigo ya concentrado, de modo que se estrellaron contra una barrera invencible y fueron masacrados, dispersándose los pocos sobrevivientes en los bosques cercanos.
Así terminó la batalla de Pau, espantoso combate, conceptuado como uno de los más sangrientos librados en el escenario de América.
Al ponerse el sol en el horizonte, el Cnl Aguilera ingresaba en la ciudad desierta de Santa Cruz acompañado sólo por 200 hombres que le habían quedado de su división de 1.400.
Finaliza su relato la escritora citada recordándonos que “Había pagado muy caro el precio de la victoria. Llevaba como macabro trofeo, ensartado en una bayoneta, la cabeza ensangrentada y destrozada del inmortal Warnes, cuyo cuerpo había sido mutilado y disperso en pedazos. Su cabeza, por orden de Aguilera, fue puesta después en una pica clavada en el centro de la plaza principal”.

Vicente Fidel López, en su clásica obra de Historia Argentina, afirmó con respecto a este jefe lo que sigue: “Sólo el coronel Warnes, gobernador intendente de Santa Cruz de la Sierra,  quedaba en armas a espaldas de los realistas, aunque sólo Warnes era famoso y temible entre los precursores de Güemes”, y agrega: “Las campañas de este jefe sobre Cochabamba y sus operaciones en Santa Cruz y en el Chaco, cuando los realistas lo acosaban, tendrían hoy, como la guerra social de la ‘Vendee’, los prestigios de la leyenda sino fuera que la lejanía remota de los lugares, el alboroto y las preocupaciones urgentes de aquel tiempo nos han dejado sin menudos datos, sin crónicas circunstanciadas con que seguirlas”.

BIBLIOGRAFIA

JOSE ARTURO SCOTTO, Notas Biográficas, Bs. As., 1910, tomo II.
BARTOLOME MITRE, Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina, Bs. As., 1941, tomo III (Obras Completas Vol  VII).
FELIX BEST, Historia de las Guerras Argentinas, Bs. As., 1960, tomo I.
BERTA BILBAO RICHTER, El Coronel Ignacio Warnes, héroe y mártir, en La Prensa, Bs. As., 4 de diciembre de 1966.
EMILIO BIDONDO, Contribución al estudio de la guerra de la Independencia en la frontera Norte, Bs. As., 1968, 2 tomos.
VICENTE FIDEL LOPEZ, Historia de la República Argentina, su origen, su revolución y su desarrollo político hasta 1852, Buenos Aires, 1883.

 

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