(1792-1871)

Hijo de don Andrés Ximénez de Mansilla y de doña Eduarda María Bravo de Oliva, nació en Buenos Aires en 1792, realizando sus primeros estudios en su ciudad natal, y adquiriendo una sólida preparación técnica en la Escuela Náutica del Real Consulado, que dirigiera Cerviño.
Durante las invasiones inglesas actuó en los cuerpos nativos, y se alistó a las órdenes de Liniers acompañándolo a Montevideo como soldado.
Intervino en todas las acciones de guerra que se produjeron hasta que los invasores fueron expulsados y según narra S. Moritan, participó en la detención del virrey Sobremonte con el teniente coronel Prudencio Murguiondo; en el ataque dado por los ingleses en Miserere con el general Velazco y en la heroica defensa de Buenos Aires el 5 de julio de 1807.
En 1809 fue nombrado agrimensor patentado por el virrey Liniers, previo examen ante peritos. En el mismo año, se presentó ante el cabildo y obtuvo “permiso para abrir y regentear una escuela de los primeros rudimentos de matemáticas”.
Producida la Revolución de Mayo, ingresó como cadete en el Regimiento de Patricios, con el cual asistió a la lucha en la Banda Oriental, bajo las órdenes de Artigas, Rondeau y Alvear.
En 1812 era teniente del Regimiento de Infantería Nº 3 en el dilatado sitio y toma de la plaza de Montevideo.
En el ataque a la fortaleza -“El Quilom”- fue herido gravemente y recomendado de un modo especial por su jefe el coronel French. En 1815 ya capitán, se incorporó al Ejército de los Andes, asistiendo a la batalla de Chacabuco (12 de febrero de 1817).
Luego acompañó al Grl Las Heras como ayudante en su campaña al sur de Chile, y se encontró en el combate de Curapaligüe (5 de abril de 1817).
Poco después el director supremo O’Higgins lo envió al mando de las tropas que custodiaban a los prisioneros llevados a San Luis. Realizó algunas comisiones y con el grado de sargento mayor, regresó a Buenos Aires.
En 1820, se vinculó con los caudillos federales Ramírez y López. El primero lo llevó a Entre Ríos en marzo de ese mismo año. Allí ocupó un cargo de importancia en el ejército que combatió contra Artigas.
Cuando en 1821, aquél se dirigió nuevamente en guerra contra Buenos Aires, Mansilla, uno de los jefes de la expedición, se detuvo en Santa Fe. Puesto de acuerdo con Estanislao López y Martín Rodríguez regresó a Paraná, y dejó a su jefe sin el apoyo de sus fuerzas. Muerto Ramírez, se sublevó contra su sucesor López Jordán el 23 de septiembre de 1821, quedando dueño de la situación en Entre Ríos.
Electo gobernador por la legislatura entrerriana, el 13 de diciembre de 1821, por un período de dos años  fue bajo su gobierno que el congreso constituyente de la provincia de Entre Ríos sancionó un Estatuto Provisorio Constitucional el 4 de marzo de 1822.
En el curso de esos sucesos arribó a Paraná el Grl Francisco Fernández de la Cruz, ministro de Guerra del gobierno de la provincia de Buenos Aires, con poderes para convenir un pacto de unión entre las provincias del litoral. De tales negociaciones surgió el llamado tratado del Cuadrilátero (15 de enero de 1822).
El gobernador Mansilla mantuvo en paz a Entre Ríos, trabajando en lo que fue su gran obra, la integración de la provincia. Ordenó la administración, impuso la bandera nacional y creó el escudo provincial.
Gobernó la provincia hasta el 26 de febrero de 1824 y logró entonces el grado de coronel. Al finalizar su mandato fue reelegido, pero no aceptó, siendo finalmente diputado por Entre Ríos conjuntamente con Evaristo Carriego, al  congreso nacional que se reunió en Buenos Aires en 1824.
En tanto, se mantuvo como agente de su provincia ante el gobierno de Buenos Aires, realizando gestiones de interés, como la obtención de concesiones de dinero y tratando de subordinarla a la política rivadaviana.
Su participación en un negocio de venta de tierras con gran provecho de capitalistas porteños, provoca el descontento público y la inmediata protesta de Mansilla contra esas acusaciones, ante el congreso entrerriano.
Como éste no se expide enseguida, presentó su renuncia en el mes de enero de 1826, continuando en el congreso como diputado por La Rioja, manteniéndose fiel al pensamiento rivadaviano, siendo uno de los firmantes de la constitución unitaria de 1826.
Ascendido a coronel mayor, participó con brillo en la guerra con el Brasil. El día 16 de febrero de 1827, mandó una división de caballería que obtuvo sobre el ejército imperial, una resonante victoria en Ombú, luego intervino en la batalla de Ituzaingó (20 de febrero de 1827) y en el combate de Camacuá (23 de abril de 1827).
En 1828, se lo eligió diputado por La Rioja a la convención nacional de Santa Fe, asamblea de origen federal. Después del motín del 1º de diciembre de 1828, se retiró a la vida privada.
El gobernador Viamonte lo nombró jefe de policía de Buenos Aires, el 7 de noviembre de 1833, cargo desde el que realizó notables mejoras en la vigilancia de la ciudad con la creación del Cuerpo de Serenos y organizando los vigilantes de día. A la llegada de Rosas al gobierno, renunció el 13 de abril de 1835. Formó parte de la legislatura de Buenos Aires, desde ese año, siendo reelecto sucesivamente hasta 1844.
Rosas lo nombró también en 1835, jefe del Resguardo. Cuando se declaró la guerra contra la Confederación peruano-boliviana en 1837, se le encargó organizar un ejército de reserva en Tucumán.
A raíz de la intervención anglo-francesa, Rosas le confió el comando de la División del Norte con sede en San Pedro e integrada con milicias de departamentos vecinos.
La flota anglo-francesa pretendía abrir por la fuerza la navegación del Paraná. En dicho conflicto internacional, conocido como la “guerra del Paraná” Mansilla fue el responsable de impedir desde la costa y por todos los medios a su alcance el avasallamiento de la soberanía del país, lucha desigual que inmortalizó su nombre en el combate de la Vuelta de Obligado (20 de noviembre de 1845), gesta que el Libertador San Martín calificara de segunda emancipación americana.
Fortificó allí Mansilla la costa donde el río tiene 700 metros de ancho y un pronunciado recodo que dificultaba la navegación a vela. La escuadra aliada contaba con 11 buques de combate dotados de armamentos más modernos y 800 infantes de marina para desembarcar. Mansilla hace tender, de costa a costa sobre 24 lanchones, tres gruesas cadenas y desde la ribera derecha, que es la única defendida, ubicó 4 baterías.
Al amanecer de ese 20 de noviembre se inició el combate, el Tcnl E. Ramírez  Juárez destaca que: “Mansilla al frente de sus infantes, en formidable carga a la bayoneta, desafiando la metralla enemiga, cae sobre las primeras líneas de los invasores, arrollándolos hasta sus mismas embarcaciones. En esas circunstancias el Grl Mansilla es herido por un casco de granada”. Las baterías fueron inutilizadas y la flota aliada pudo seguir su navegación hacia el norte.
Las bajas de los argentinos son múltiples y el heroísmo demostrado en la defensa de la posición conmovedor: 250 muertos y 400 heridos son perenne testimonio de esa acción. El agresor, por su parte, tiene 26 muertos, 86  heridos y varios barcos averiados. La actuación de Mansilla, le valió que se lo considerara a la par de los generales Pacheco y Urquiza, como una de las “columnas de la Federación”.
Luego de esta acción permaneció alejado de la función pública debido a una grave enfermedad, hasta las vísperas de Caseros en febrero de 1852, cuando recibió orden de Rosas de organizar la defensa de la ciudad contra las tropas del Ejército Grande de Urquiza. Por su iniciativa se constituyó una junta que convino la entrega de Buenos Aires al general vencedor.
En 1860 publicó un plan de defensa de las fronteras de Buenos Aires, viajando luego a Brasil y Europa. Residió varios años en Francia, donde se destacó por sus condiciones de hombre de mundo, brillando en  la alta sociedad cerca de Napoleón III.

Al regresar al país en 1868, abandonó toda actividad política, manifestando sus simpatías, por la obra de Urquiza. Alcanzó los más altos grados en el ejército, y dueño de cierta cultura escribió en sus últimos años unas memorias. Víctima de la fiebre amarilla, falleció en Buenos Aires, el 10 de abril de 1871.

 

BIBLIOGRAFIA

CARLOS A. MANSILLA, Glorias Argentinas. El General Lucio Mansilla, San Pedro, Bs. As. 1934.
E. RAMIREZ JUAREZ, Conflictos Diplomáticos y Militares en el Río de la Plata 1842-1845, Bs. As., 1938.
A. ZINNY, Historia de los Gobernadores, obra aumentada por EDUARDO F. SANCHEZ ZINNY, Bs. As., 1942, tomo II.
SANTIAGO MORITAN, Mansilla, Ramírez, Urquiza, Bs. As., 1945.
LEONCIO GIANELLO, Historia de Entre Ríos, Paraná, 1951.

 

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