(1794-1876)

Nacido en Buenos Aires en las postrimerías de la dominación española el 7 de marzo de 1794, en el seno de una familia de destacada actuación en la carrera de las armas, sus estudios militares le fueron impuestos por su padre, don Félix, entonces coronel y comandante del I Cuerpo de Infantería de Buenos Aires, quién lo envió con ese fin al Colegio Real de Segovia, cuando apenas contaba con 10 años de edad. Allí se hallaba estudiando, a los 14 años, cuando lo sorprendió la invasión de Napoleón a la península, contándose entonces como cadete de artillería entre los prisioneros de la rendición de Segovia.
Continuó su lucha contra los franceses como subteniente en la campaña de Cataluña y dos años después lo vemos en Andalucía, ocupando un lugar en el sitio de la ciudad de Sevilla, y una vez liberado, a los 18 años, comandando las baterías de la infranqueable defensa de la isla de León. Casi en la misma época, le cupo el honor de batirse en la batalla de Chiclana que fue uno de los primeros triunfos de las fuerzas españolas sobre las de Napoleón Bonaparte, y en la defensa de Tarija con el grado de capitán, hallándose también en el sitio de Lérida.
En su meteórica carrera militar se  embarcó en Cádiz en 1816 a bordo de la fragata “Venganza”, rumbo a América. Acompañó al general La Serna y participó en las expediciones al altiplano. Asistió a la sorpresa de Yaví. Después en la campaña sobre Jujuy, al hacer un reconocimiento de avanzada en la región de Tilcara, desprendido de las fuerzas de Olañeta, Iriarte se puso en contacto con los patriotas y se pasó a sus filas. Dejaba en el ejército español el grado de mayor general de la artillería.
Abandonó así un brillante porvenir en los reales ejércitos, siendo fama que quemó sus despachos y tiró todas las condecoraciones que tan honrosamente había ganado.
Recibido por Güemes en Jujuy, se trasladó a Tucumán acogiéndole el general Belgrano con simpatía, y desde este punto se dirigió a Buenos Aires y luego a Montevideo, donde se hallaba su familia, a la que hacía casi tres lustros que no veía.
Ya en las filas patriotas sus condiciones militares le permitieron alcanzar luego las más altas distinciones que lo elevaron hasta el generalato, llegando a Salta y poco después a Tucumán, donde se incorporó al ejército de Belgrano.
Vuelto a Buenos Aires en 1818, fue reconocido como Tcnl de artillería y puesto al frente de la escuela de dicha arma. Vinculado a Carrera y Alvear, hallóse comprometido en varios movimientos contra Pueyrredón hacia 1819, cuando obtuvo la baja del servicio.
En 1820 actuó al lado del general Alvear en oposición activa al gobierno de Buenos Aires. Estuvo en la batalla de Cañada de la Cruz, y poco tiempo después era hecho prisionero por Dorrego en San Nicolás, que fué tomada por éste. Fue luego desterrado a Montevideo.
Por fortuna la célebre ley del olvido, que a propuesta del gobierno de Martín Rodríguez y por iniciativa de su ministro Rivadavia fue sancionada en 1821, permitió al desterrado regresar a Buenos Aires y reincorporarse a la vida militar.
En 1822, fué nombrado oficial 1º de relaciones exteriores, y acompañó como secretario al Grl Alvear en su misión a Inglaterra y Estados Unidos; retornando a Buenos Aires en 1825.
A pesar del éxito obtenido en su misión exterior, al volver al seno de los suyos, rehusó tenazmente encargarse de representar al país ante los gobiernos de Colombia, de Chile, de Méjico o del Brasil como le fue ofrecido por el gobernador Grl Las Heras. La diplomacia ya no lo tentaba, aceptando en cambio con alborozo reincorporarse al ejército en vísperas del ya inminente conflicto con el Brasil.
Ocupó el cargo de secretario del ejército que mandaba el Grl Martín Rodríguez y luego comandó el 1er Regimiento de Artillería Ligera, siendo conocida su brillante conducta en la jornada de Ituzaingó revistando entonces como coronel.
Terminada la campaña, la revolución del 1 de diciembre de 1828 y el fusilamiento de Dorrego lo transformaron en decidido adversario de Lavalle, quien lo mismo que a Balcarce y a Martínez, le obligó a abandonar el territorio de la República.
Durante el gobierno de Rosas, ingresó de nuevo al ejército, siendo nombrado Cnl del Batallón de Artillería de Buenos Aires, integrando desde 1830 la plana mayor del ejército.
Como comandante general del arma de artillería, militó en las filas federales y, en 1831, hizo la campaña de Córdoba contra el general Paz, oportunidad en la que Iriarte recibió los despachos de general, siendo elegido poco después, en 1833 diputado en la legislatura de Buenos Aires.
Dos años más tarde tuvo que buscar refugio en Montevideo, prestando su adhesión a la reacción contra Rosas de 1839. Se incorporó al ejército de Lavalle en calidad de jefe del estado mayor. Se encontró en 1840 en los combates de Don Cristóbal y Sauce Grande. Acompañó al general Lavalle en su avance hasta las afueras de Buenos Aires, en Merlo, y en su retirada al norte del país, que le siguió.
Al frente de una columna de 1.000 hombres tomó la plaza de Santa Fé, defendida por el general Garzón. También estuvo en Quebracho Herrado, donde las fuerzas de Lavalle sufrieron una derrota total.
Muerto Lavalle, Iriarte pasó a Chile, y volvió por mar a Montevideo para mandar la artillería de la plaza durante el sitio, a las órdenes del general Paz. Desavenido con este último, se separó del ejército en 1845; pero fue dado de alta al año siguiente.
En 1849 se hallaba en Buenos Aires. Al producirse el pronunciamiento de Urquiza, Iriarte lo criticó desde La Gaceta Mercantil. No tuvo, después de Caseros, mayor actuación en la vida pública pero fue reincorporado al ejército y durante el sitio de Buenos Aires fue nombrado director de las obras de fortificación. Desde esa fecha integró diversas comisiones y consejos militares y dedicó su tiempo a la redacción de sus famosas “Memorias” y a labores de índole literaria.

Murió en su ciudad natal el 26 de mayo de 1876 siendo asiduo colaborador en su ancianidad de periódicos y revistas del país, habiendo publicado numerosas obras de ciencia militar e historia, aunque quizá, las facetas más interesantes de su cultura general se encuentren en sus “Memorias”.

BIBLIOGRAFIA

R. PICCIRILLI,  F. L. ROMAY y L. GIANELLO, Diccionario Histórico Argentino, Bs. As., 1954, tomo IV.
Esta obra da cuenta de sus principales trabajos, a saber: En 1832 tradujo del inglés las “Cartas de Lord Chesterfield a su hijo”. Cuatro años antes había efectuado la versión del francés de la obra técnica “Maniobras de Artillería”.
Fue autor de un trabajo sobre Instrucción para el manejo de la artillería. El gobierno uruguayo residente en Montevideo le encargó una memoria titulada “Proyectos de operaciones bélicas para derrotar al tirano Rosas”, que recién se publicó en 1868 en “La Revista de Buenos Aires”.
Preparó con el general Mitre el “Código Militar de la República”. Publicó además un folleto sobre “Colonización y arreglo de fronteras”; “Ataque y defensa”, con referencia a las campañas de Lavalle.
“Las glorias argentinas”, publicada en 1858; una biografía del brigadier general D. José Carrera.
Entre 1835 y 1847, Iriarte escribió sus extensas “Memorias”, donde relata los sucesos de la época en que le tocó actuar y juzga, con acritud a veces, a sus actores. Estas memorias comprenden un largo espacio de la vida nacional, desde los primeros años del siglo XIX hasta poco antes de su muerte, que han sido publicadas bajo la dirección de Enrique de Gandía”.
EMILIO BIDONDO, Contribución al estudio de la guerra de la Independencia en la Frontera del Norte. (el aporte jujeño) Bs. As., 1968, tomo I.
EMILIO BIDONDO, La Guerra de la Independencia en el Alto Perú, Bs. As., 1979.
CARLOS CORREA LUNA, El Grl Iriarte y el primer Regimiento de Artillería. En La Prensa, Bs. As., 23 de mayo de 1926.
JOSE JUAN BIEDMA, El Grl D. Tomás de Iriarte, Revista Nacional 3ra Serie, II, 1895, pp. 85-109.

 

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