(1783-1838)

Fue este guerrero de la independencia uno de los mandatarios provinciales más cultos y progresistas de cuantos hubo entre nosotros en la primera mitad del siglo XIX, quizá el más importante e influyente en el norte argentino. Dió a Tucumán para entonces el rango más alto entre todos sus vecinos ejerciendo además una verdadera hegemonía sobre Jujuy, Salta y Catamarca.
Nació Alejandro Heredia en San Miguel de Tucumán en el año 1783, hijo mayor de José Pascual Heredia y Alejandra Acosta, familia distinguida y de posición, puesto que el padre entre los cargos que se le confiaron desempeñó en 1799 la alcaldía de la Hermandad Partido y Curato de Trancas.
Educado con esmero llegó a la universidad de Córdoba, para perfeccionar y ampliar sus estudios y allí obtuvo los títulos de doctor en derecho y teología, dedicándose al latín con verdadero ahínco y afirmando su cultura en los clásicos.
Tanto influyó esto en su vida que su estancia del sur fue bautizada con el nombre de Arcadia, que luego quedó denominando a la localidad regional que integra.
Pero pronto por vocación o por necesidad de los tiempos, al empezar las guerras por la independencia, dejó la carrera de las leyes para abrazar la de las armas y enrolarse en los ejércitos patrios.
Cuando la expedición contra el virrey de Lima intentó la ruta del Desaguadero, Heredia se incorporó a sus filas, en las que fue promovido a teniente en el cuerpo de Dragones del Perú, formado por hombres arribeños y altoperuanos. Huaqui, la retirada, las guerrillas defensivas y el combate de Nazareno, son sus primeras actuaciones.
Bajo el comando de Belgrano, pelea en Las Piedras, Tucumán y Salta obteniendo ya el grado de sargento mayor, menciones especiales y un prestigio que lo llevó a ser nombrado como parlamentario ante el general enemigo Goyeneche. Después de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma y la segunda retirada, cuando San Martín organiza la línea defensiva en la frontera al mando de Güemes, Alejandro Heredia mandó una de las partidas de avanzada y con ella peleó hasta la recuperación de las ciudades de Salta y Jujuy.
Estando Rondeau al frente del Ejército del Norte, tuvo valiente desempeño en los combates de Puesto del Marqués y Venta y Media, hechos que repite y que merecen de Rondeau el elogio de su conducta en la seria derrota de Sipe-Sipe. Así honrosamente va ganando sus grados hasta llegar en 1816 a teniente coronel graduado y recibiendo el mando del 7 de Infantería integrado en su mayoría por pardos y morenos.
Bien conceptuado debió estar por su valor y preparación al servicio de la patria cuando el Congreso de Tucumán lo designó para intervenir en La Rioja, que atravesaba una compleja situación interna, comisión delicada que realizó satisfactoriamente según consta en las sesiones del congreso.
En 1820, Heredia ya era coronel del regimiento que mandaba José María Paz en el  Ejército del Norte, y tuvo parte activa junto con su jefe y Bustos en la famosa sublevación de Arequito justificada por Paz en sus “Memorias” por la intención de sólo proponer: “separarse de la cuestión civil y regresar a nuestras fronteras amenazadas por los enemigos de nuestra independencia”.
Joaquín Pérez acota que los conjurados habían declarado su neutralidad en la lucha que sostenían el Directorio y los representantes de Artigas.
Más tarde, desde 1824 en adelante, vemos figurar públicamente a Heredia, como uno de los diputados tucumanos al Congreso General Constituyente reunido en Buenos Aires, aunque ya no representó a su provincia cuando se sancionó la constitución de 1826 que no será acatada.
En noviembre de 1831, vencido Aráoz de Lamadrid en la Ciudadela por Quiroga, Heredia fue elegido diputado a la junta de representantes de Salta y designado por ella integró el poder ejecutivo de esa provincia con don Francisco Gurruchaga, firmando en tal carácter un tratado de paz con Facundo Quiroga.
El 14 de enero de 1832 fue elegido gobernador de su provincia natal, gobierno que mantiene por sucesivas elecciones hasta el día en que Gabino Robles lo asesinó en el camino de Los Lules, en 1838.
Al decir de A. Zinny: “El gobernador Heredia introdujo las más importantes mejoras en la administración de la provincia, estableciendo un sistema, el más adecuado al sistema del orden y al fomento de la felicidad pública. La policía, la administración de justicia, la hacienda, la enseñanza, la industria, toda la economía interior de la provincia sintió el benéfico influjo de su gobierno, que se desvelaba por borrar las pasadas desgracias y activar la completa organización de Tucumán”.
Con el tratado de paz y alianza celebrado en la ciudad de Santiago, el 5 de febrero de 1835, entre Salta, Tucumán y Santiago del Estero, por inspiración del Grl Quiroga, Heredia ejerció entonces una total hegemonía sobre Salta y Jujuy y según Manuel Lizondo Borda: “no fue protector de Salta y Jujuy solamente en el hecho; fue reconocido oficialmente como tal, por leyes de dichas provincias (en abril de 1836) y poco después (en septiembre), la provincia de Catamarca, por intermedio de su sala de representantes, le confirió el mismo título”.
Fue reelegido gobernador de Tucumán el 25 de mayo de 1836, a la vez que dos meses antes fue elegido gobernador de Salta su hermano Felipe.
Cuando en 1837 la Confederación Argentina, declaró la guerra al dictador de Bolivia, mariscal Santa Cruz, Alejandro Heredia fue designado por Rosas comandante en jefe de las operaciones, el 16 de mayo, dando en un manifiesto explicativo a conocer las causas de esa determinación: el apoyo que Santa Cruz brindaba a los unitarios y los ataques contra el norte de nuestro país.
Heredia se vió limitado a los recursos que le facilitaron las provincias norteñas, ya que Rosas no pudo ayudarlo eficazmente debido al enfrentamiento bélico del bloqueo francés y la oposición conjunta de los unitarios en el litoral.
Esquematizando el desarrollo militar de los hechos, una primera etapa de las acciones giró alrededor de la maniobra de Santa Cruz tendiente a evitar la conjunción en el campo de chilenos y argentinos con movimientos divergentes y de dos triunfos defensivos de Felipe Heredia en la zona Humahuaqueña (septiembre de 1837).
El 24 de junio del año siguiente se libró la batalla de Coyambayo, llamada por los bolivianos de Montenegro, desfavorables para las fuerzas argentinas. En cuanto a la lucha con Chile, prosiguió hasta el 20 de enero de 1839, en que aconteció la batalla de Yungay, que da por tierra con la Confederación peruano-boliviana y con el poder de Santa Cruz.
El 12 de noviembre de 1838, mientras Heredia se dirigía en coche a su casa de campo, acompañado por su hijo, fue asaltado en Los Lules por una partida al mando del comandante Gabino Robles. Heredia que en cierta ocasión habría insultado de hecho a éste, comprendió sus intenciones, y se dice que le ofreció cuanto pidiere, respondiéndole Robles que sólo quería su vida, asesinato que se consumó de un pistoletazo en la cabeza.
Historiográficamente se discute aún si fue una simple venganza personal o un crimen político; la “vox populi” sindicó como instigador del hecho al Dr Marco Avellaneda y esta creencia se perpetuó en cantares populares.
El doctor Sierra refiriéndose al tema expresó: “los unitarios habían fusilado a Dorrego, asesinado al general Villafañe, matado en su lecho a Latorre; le había tocado el turno a Alejandro Heredia. Las personalidades más destacadas del federalismo iban cayendo asesinadas”.

Al tener que rescatar del olvido historiográfico al que por mucho tiempo estuvo relegado debiérase sintetizar su figura fuera de su condición de heroico guerrero de la independencia, como el hombre que destacó J. Newton: con amplitud de cultura, universitario, dominador del latín, destacado congresal en el ámbito nacional, vinculado en forma bastante directa con la estrategia sanmartiniana para la toma del Alto Perú, lugarteniente de Güemes, gobernante de su provincia por siete años en donde realizó “una obra no igualada en su época dentro del norte argentino, para impulsar el desarrollo de la instrucción pública y la consolidación de la justicia”.

BIBLIOGRAFIA

ANTONIO ZINNY, Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas, Bs. As., 1920. tomo III.
MANUEL LIZONDO BORDA, Alejandro Heredia, Tucumán 1939 e Historia de Tucumán, Tucumán, 1948.
JOAQUIN PEREZ, Historia de los primeros Gobernadores de Bs As, La Plata, 1950.
ORLANDO LAZARO, Alejandro Heredia, Patriarca Federal del Norte, Tucumán, 1953.
VICENTE D. SIERRA, Historia de la Argentina, Bs. As., 1969, tomo III.
JORGE NEWTON. Alejandro Heredia. El Protector del Norte, Bs. As., 1972.

 

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