(1789-1813)

Nació en Saladas, provincia de Corrientes hacia el año 1789. Era hijo de Francisco y de Carmen Robledo. El historiador Pedro Pablo Haas, dice al respecto: “No obstante esta indefinición en cuanto a fecha de nacimiento, en el calendario escolar del Consejo General de Educación de la provincia de Corrientes, se incluye como día del natalicio de Juan Bautista Cabral el 13 de agosto, en que las escuelas de su jurisdicción rinden homenaje al héroe de San Lorenzo.
A poco de la llegada a Buenos Aires del entonces teniente coronel José de San Martín en marzo de 1812, el gobierno le encargó organizar una fuerza de caballería. De sus empeños, surgió el Regimiento de Granaderos a Caballo, de gloriosa memoria en los anales militares de la independencia de América.
Pronto se incorporan soldados veteranos y simples reclutas provenientes de la campaña de Buenos Aires y de las provincias interiores.
El 3 de noviembre de 1812, el teniente coronel Toribio de Luzuriaga, envía a Buenos Aires un contingente de reclutas, entre los que se encuentra Juan Bautista Cabral, que fue incorporado en la Compañía del Primer Escuadrón, el 19 de noviembre.
El gobierno de Buenos Aires ante las continuas depredaciones de que eran objeto las costas del Uruguay y el Paraná por parte de los realistas estrechados en el recinto de la plaza de Montevideo, resolvió marchar decididamente contra ellos, para lo cual ordenó al coronel de Granaderos a Caballo, don José de San Martín que con una parte del regimiento protegiera las costas del Paraná.
Sobre la base del Primer Escuadrón del Regimiento de su mando, San Martín, reunió 120 granaderos para llevar un ataque en el momento en que las tropas desembarcaran.
Al pasar la escuadrilla frente a Rosario, el comandante militar de ese punto, don Celedonio Escalada, salió con un grupo de hombres armados, pero la escuadrilla no los hostilizó de manera alguna y fue a echar anclas frente a San Lorenzo, donde se levantaba como hoy (pero sin la torre actual y con algunos muros sin terminar), el después famoso convento. Esto acontecía el 30 de enero. Pasaron a tierra unos cien hombres de los barcos, pero, no encontrando el ganado que esperaban para hacerse de víveres por algunos días, recogieron  provisiones en el monasterio.
Advertidos de la proximidad de Escalada, optaron por retornar a bordo. Escalada despachó un parte que el 2 de febrero llegó a manos de San Martín, quién se encontraba en las cercanías y de inmediato se puso en camino al frente de ciento veinte granaderos, llegando a San Lorenzo en la madrugada del día siguiente. Dispuso enseguida a sus hombres tras las tapias del convento de franciscanos existente en el lugar, dividiéndolos en dos escuadrones; desenvainó luego su sable corvo de forma morisca y arengó con breves y enérgicas palabras a los soldados a quienes por primera vez iba a conducir a la pelea, tras lo cual tomó en persona el mando del 2º Escuadrón, dejando al frente del 1º al capitán Justo Bermúdez.
Banderas, tambores y clarines del enemigo ondeaban y vibraban a 200 pasos. Eran las cinco y media de la mañana, San Martín montó a caballo y gritó: “Tenemos a los enemigos de la patria a nuestra mano, espero que, tanto los señores oficiales como los granaderos, se porten cual merece la opinión del regimiento”.
Confiaba todo su plan a la carga inicial. Conocía la perfección que sus granaderos habían adquirido en esa operación durante el adiestramiento en El Retiro. Era la primera carga de los granaderos que debían repetirla, más tarde, en todos los campos de batalla del continente.
Resonó el clarín de guerra del flamante regimiento, ambos escuadrones, a su conjuro salvaron las murallas que los cubrían y enfrentaron al enemigo. “Sable en mano y con aire de carga tocando a degüello”, los 120 hombres cargan gritando: “Viva la Patria”, a los 250 de Zabala. Tienen órdenes de no disparar un tiro y valerse sólo del sable, pese a que el enemigo avanza con dos piezas de artillería al frente. La distancia que debía recorrer la compañía de San Martín era más breve, puesto que Bermúdez cargaría de flanco. Es así que la primera columna chocó sola contra la línea frontera del enemigo, que se replegó rápidamente tratando de rehacerse.
En ese momento cayó sobre ellos la tropa de Bermúdez, con tal violencia que los granaderos y los españoles se confundieron en lucha cuerpo a cuerpo al borde de las barrancas, por las cuales de a ratos, se precipitaban los cadáveres. El clarín  del corneta tocaba a reunión. En diez minutos ambas compañías se habían congregado en el corazón de la fuerza enemiga. La artillería de los barcos realistas batía desde distancia el campo de batalla.
San Martín se encontraba caído bajo su caballo muerto por la metralla y frente a un soldado realista que resueltamente avanzaba dispuesto a darle muerte con su bayoneta, Cabral y Bautista Baigorria acudían en defensa de su jefe, Baigorria logró tender al realista; Cabral levantando a San Martín, y herido mortalmente, rechazó a sus compañeros que pretendieron sacarle de aquel peligroso foco de lucha diciéndoles: “¡Déjenme! ¿Qué importa mi vida si hemos triunfado?”, ofreciendo así su vida por la de su jefe.
Arturo Capdevila refiere el hecho de la siguiente manera: “El corcel del jefe cae muerto, una bayoneta enemiga le busca el pecho al coronel. Mas el que la esgrimía y la bayoneta ruedan por tierra al filo de un noble criollo y es el instante de Cabral para librar al jefe del peso del caballo muerto que le oprime. El combate cobra nuevo ímpetu. En otra carga de los hombres de San Martín la marinería enemiga se vuelve como hojarasca en el viento según se deshacen sus filas y se dispersan todos. Se acabó el lance. El Paraná que era un río es ahora una espada. Una espada que era patria argentina que está surgiendo para muy altos y bellos destinos. Al vuelo de esa espada los vencidos parecen espectros, los vencedores figuras inmortales de bronce. La campana del convento echada vuelo, repica y canta”.
Aquella noche fue el “santo y seña”: “Cabral, mártir de San Lorenzo”. Cabral fue sepultado próximo al pino histórico. El gobierno de Buenos Aires, por decreto del 6 de marzo de ese mismo año dispuso que se fijase en el cuartel de los granaderos “un monumento que perpetúe recomendablemente la excelencia del bravo granadero Juan Bautista Cabral en la memoria de sus camaradas”.
Cuando regresa San Martín con su Regimiento, en cumplimiento a la resolución recordada, mandó colocar en la parte exterior y sobre la gran puerta de entrada al cuartel del Retiro, un tablero en forma oval con la siguiente inscripción: “al soldado / Juan Bautista Cabral / muerto en la acción de San Lorenzo / 3 de febrero de / 1813”. En la orla: “Sus compañeros le tributan esta memoria”. La inscripción se conservó hasta 1824, en que se disolvió el regimiento.

“Desde aquella época arranca una tradición que se cumple escrupulosamente hasta el día de hoy. Es la que ordenó el mismo Libertador: todos los días en la formación de la tarde, Cabral debía ser llamado en la lista del primer escuadrón. El sargento más antiguo responde entonces: ‘Murió en el campo del honor, pero vive en nuestros corazones. Viva la Patria Granaderos!’. Durante más de 180 años el rito se viene acatando con idéntica emoción y el grito sigue resonando en los cuarteles de la avenida Luis María Campos”.

BIBLIOGRAFIA

BARTOLOME MITRE, Historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana, Bs. As., 1946.
TEOFILO PINILLOS. O. F. M. Historia del Convento de San Carlos de San Lorenzo, Bs. As., 1949.
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ULISES MARCO MUSCHIETTE (Coronel). Juan Bautista Cabral en el Regimiento de Granaderos a Caballo. Comprobación documental – Comando General del Ejército (Dirección de Estudios Históricos), Bs. As., 1976.
ARMANDO ALONSO PIÑEIRO, Resplandores de un antiguo Regimiento, La Nación, Bs. As., 17 de abril de 1977.
CAMILO ANSCHÜZT. Historia del Regimiento de Granaderos a Caballo 1812-1826, Bs. As., 1945, 2 tomos.
PEDRO PABLO HAAS, Juan Bautista Cabral, Sargento epónimo, Bs. As., 1985.

 

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