En abril de 1818, la catedral de Santiago de Chile con motivo del triunfo de Maipú, se aprestaba a celebrar un solemne tedeum, al que asistiría toda la plana mayor de la oficialidad argentina y chilena notándose al iniciarse la ceremonia la falta del segundo jefe del Ejército de los Andes: éste se había excusado de asistir porque carecía de una camisa para ponerse. El gobierno chileno había ordenado le fuese entregado dinero para que adquiriese con urgencia el vestuario necesario, pero el militar, pensando en la extrema pobreza del tesoro público declinó aceptar el obsequio.

Ese hombre era Antonio González Balcarce, guerrero ilustre de la Independencia Americana, el mismo que ocho años antes había comandado el ejército laureado en Suipacha, con la primera victoria de la patria.
Había nacido en la ciudad de Buenos Aires el 24 de junio de 1774, hijo del Tcnl Francisco González Balcarce y de María Victoria Martínez de Fontes y Bustamante, cuyo padre fuera gobernador del Paraguay.
Inició su carrera militar siendo muy joven contando trece años cuando ingresó como cadete en el Cuerpo de Blandengues que mandaba su padre.

Después de sucesivos ascensos y de hacer el servicio de fronteras, obtuvo el grado de capitán en 1807, debiendo partir para Montevideo a fin de colaborar en la defensa de la ciudad atacada por los ingleses. Cuando triunfaron los británicos cayeron prisioneros varios oficiales porteños, entre ellos Balcarce quien fue embarcado con destino a Londres.
Más de un año permaneció internado en Inglaterra, hasta que el tratado de paz anglo-hispano de 1809 le permitió trasladarse a España donde tomó parte en la guerra contra los franceses, mereciendo el ascenso a teniente coronel graduado de caballería, otorgado por el gobierno real el 24 de febrero de 1807 por su valeroso comportamiento en la defensa de Montevideo.
Producida la Revolución de Mayo, Balcarce, como otros muchos, regresó a Buenos Aires, decidido a tomar una participación muy activa.

Reconocido en su grado de teniente coronel, fue designado comandante del tercer Escuadrón del Regimiento de Voluntarios de Caballería de la Patria nombrándolo la junta el 18 de agosto de 1810 coronel graduado; desempeñándose más tarde como segundo jefe de la expedición al Alto Perú enviada por la junta.

Llegado a Córdoba, el propio Cnl Balcarce se había puesto, -comenta Yaben-, a la cabeza de 300 hombres, con los cuales se internó valientemente en los extensos bosques que cubren el camino de aquella ciudad a la de Santiago del Estero, con el fin de dar alcance al general Santiago Liniers y a los demás contrarrevolucionarios que se habían alzado en armas contra el gobierno emanado del movimiento del 25 de mayo. Gracias a su actividad y acertadas disposiciones, los insurgentes fueron aprehendidos.

Los sucesos de aquella provincia, que culminaron con el fusilamiento de Liniers y otros jefes en Cabeza de Tigre lo destacaron ante la Primera Junta, que le dio la jefatura de la expedición.Enfrentó a los españoles primero en Cotagaita y luego en Suipacha, la primera victoria de las armas argentinas, lo que le valió ser nombrado brigadier del ejército, con fecha 14 de enero de 1811, concediéndosele además un escudo de oro y el título de “ Benemérito de la Patria”.
Balcarce prosiguió sus operaciones y aprovechando la circunstancia de un triunfo de magnitud reconocido por el propio general enemigo derrotado, ocupó la ciudad de Potosí, núcleo geopolítico importante para los objetivos revolucionarios logrando aprehender a la mayor parte de los jefes de la oposición.

Reorganizó sus tropas y firmó un armisticio con los españoles, que fue violado  por éstos, atacando sorpresivamente a los patriotas en Huaqui, el 20 de junio de 1811, infligiéndoles una derrota de graves consecuencias. Balcarce bajó a Buenos Aires y pidió que se formara un consejo de guerra, que se expidió a su favor.

El vencedor de Suipacha perteneció a una de las familias próceres argentinas que dieron más hijos a la patria en su alba independiente. Varones ejemplares hermanados en la sangre; todos ellos fueron soldados; dos murieron en el campo de batalla, el Cap José Patricio Balcarce defendiendo a Buenos Aires contra el invasor inglés en 1807 y el Cap Francisco Balcarce en 1812 durante la campaña al Alto Perú; tenían respectivamente 27 y 33 años.

Diego, con el grado de coronel “sirviendo a la patria nueva —comenta Rebollo Paz— murió en 1812, de apenas 31 años de edad”; los tres hermanos que le sobreviven, Juan Ramón, Antonio y Marcos llegaron a ser generales de la Nación.
El 3 de febrero de 1814 se designó a Antonio Gonzalez Balcarce gobernador intendente de Buenos Aires, y luego de desempeñar algunos cargos superiores en el ejército, fue nombrado, el 16 de abril de 1816, director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, cargo del que fue derrocado tres meses después.

No obstante ello, se le nombró jefe del Estado Mayor General, siendo enviado al Ejército de los Andes para sustituir interinamente a San Martín que se encontraba enfermo. Balcarce, modesto por naturaleza e incapaz de permanecer inactivo, se presentó ante el Libertador ya repuesto, ofreciéndose a servir bajo sus órdenes, destinándosele en consecuencia a mandar la caballería del ejército, al frente de la cual dirigió las guerrillas de Quechereguas o Cerrillo Verde, y más tarde las de Cancha Rayada. Después del suceso desgraciado de este nombre, en la triste noche del 19 de marzo de 1818, se incorporó en San Fernando con las fuerzas de Las Heras, y reuniendo antes todos los dispersos, se unió enseguida al general San Martín.
En los campos de Maipú, Balcarce desempeñó las funciones de segundo jefe del Ejército Unido y por su brillante conducta en esta memorable batalla, se hizo acreedor a todos los premios discernidos  por el  gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, a los vencedores de aquella sangrienta y decisiva jornada. El gobierno de Chile, a su vez, le otorgó la banda de la “Legión del Mérito”.

“Después de aquella gloriosa batalla, -señala Yaben-, San Martín se vió precisado a abandonar el comando del ejército para trasladarse a Buenos Aires, para ponerse de acuerdo con el gobierno, a fin de ultimar los preparativos de la proyectada empresa libertadora al Perú.

González Balcarce asumió el mando en jefe del ejército y en los siete meses que duró la ausencia del titular, se ocupó intensamente de remontar los batallones, disciplinarlos y organizar nuevos cuerpos.
Al regresar San Martín a Chile, Balcarce fué designado en noviembre de 1818 para comandar el ejercito argentino-chileno destinado a luchar contra los enemigos que asolaban la provincia de Concepción. Al frente de 3.000 hombres marcha contra el general Sánchez, a quien obliga a desalojar la isla de Laja y el fuerte Nacimiento, en enero de 1819, tomándole prisioneros, víveres y bagajes, así como también gran cantidad de armamento.

Continuó persiguiéndolo tenazmente hasta que alcanzó a Sánchez en el momento en que se alistaba para cruzar el Bío-Bío, obligándolo a empeñar un combate, el 19 de enero, en el cual los realistas perdieron 600 hombres y el resto de sus fuerzas se vieron precisadas a emprender la fuga”.

Pero esta campaña, colmada de penurias, resintió la salud del general Balcarce, que se vió obligado a retirarse a Santiago, entregando al coronel Ramón Freire el mando militar y político de la provincia de Concepción, lo que efectuó a fines de febrero.

Cuando sus males se lo permitieron se trasladó a Buenos Aires, donde fué nombrado jefe del Estado Mayor General el 19 de julio de 1819, dado que el gobierno debía hacer frente a la grave situación de las noticias provenientes de España, donde se proyectaba el envío de una poderosa fuerza militar destinada a recuperar el antiguo virreinato.

La enfermedad siguió aceleradamente su curso, y el desenlace se produjo en su hogar porteño, ubicado en la intersección de las actuales calles Hipólito Irigoyen y Balcarce, falleciendo el 5 de agosto de 1820, cuando contaba cuarenta y cinco años de edad.

Se había casado en Buenos Aires el 21 de enero de 1807, con doña Dominga Francisca Buchardo y San Martín. Dejó cuatro hijos, uno de los cuales, Mariano, contrajo enlace con la hija de San Martín, Merceditas.

En su muerte lo honró su contemporáneo Gervasio Antonio de Posadas quien fuera primer director supremo de las Provincias Unidas en 1814 con estas palabras: “Estricto militar, moderado y consecuente amigo, fue uno de los primeros comprometidos por la justa causa. Prestó grandes servicios. Ocupó los primeros destinos no desmintiendo el juicio que de él se había formado. Con 50 hombres semejantes, el país se encontraría constituído. Dejó de existir rodeado de la familia, y con sentimiento general”.

Y en verdad su vida toda fue dedicada a servir a la Patria. Afanes y desvelos que privaron por sobre el bienestar personal y el de su familia que quedó a su muerte en el mayor desamparo.
Mitre, parco en el elogio, lo juzgó no obstante “un alma noble y buen soldado práctico que si carecía de la inspiración guerrera tenía la experiencia que la suplía y sobre todo,  un carácter austero y viril que se imponía”.
Pero ha de ser el testimonio recogido por Yaben de un periódico de la época el más justiciero reconocimiento de los “atributos que reunía tan estimable jefe”. “El honor fue siempre la divisa del vencedor de Suipacha. La virtud, el sendero de su preferencia”.

En todos los cargos superiores que obtuvo siempre se le vió conciliar la circunspección con la afabilidad, el brillo del empleo con la simplicidad y llaneza de su trato, la equidad con la rectitud, la inflexibilidad en materia de rigurosa justicia con la racional deferencia en todo lo graciable o accesible.

Su integridad a toda prueba, su manejo puro y delicado han establecido un objeto de elogio entre sus mismos enemigos. Moderado en la prosperidad, resignado en el infortunio, constante sin tenacidad, religioso sin fanatismo, humilde sin servilismo, virtuoso sin hipocresía, liberal sin ostentación, ilustrado sin impiedad, valiente sin arrogancia. He aquí los atributos que reunía tan estimable jefe”.

 

BIBLIOGRAFIA

ANTONIO M. DEMARIA, Perfiles Históricos, Bs. As., 1887.
JOSE J. BIEDMA, Biografía del Brigadier General de los Ejércitos de la Patria, Don Antonio González Balcarce, Bs. As., 1919.
JACINTO R. YABEN, Los Balcarce, Bs. As., 1943.
OSCAR F. URQUIZA ALMANDOZ, Los Directores de Estado de 1816, en Cuarto Congreso Internacional de Historia de América, Bs. As., 1966.
FUED GABRIEL NELLAR, Reseña Histórica de la Infantería Argentina, Bs. As., 1969.
LEON REBOLLO PAZ, Familias próceres argentinas. En Revista Historia, Bs. As., Año XII, enero-marzo 1967, Nº 46.

 

 

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